La metonimia es una figura literaria presente en todas las formas de hablar desde hace mucho tiempo, por lo tanto no es un fenómeno autóctono de nuestro dialecto, como he leído en algunas ocasiones.
Consiste entre otras cosas en cambiar el nombre de algo por el otro tomando el efecto por la causa, por ejemplo ampolleta por inyección. Pero en este caso no voy extenderme en cuanto a otros giros del lenguaje donde usamos esta figura sino que voy a puntualizar el de las marcas de producto que han pasado a formar palabras de nuestro dilecto.
Al fenómeno por el cual una marca pasa a definir el contenido del producto o servicio en el habla popular, generalizando este con el nombre poseedor de la propiedad intelectual de la empresa que lo fabrica se le llama en los ámbitos publicitarios y de derechos de propiedad, vulgarización de la marca. Un término que siempre me ha parecido ofensivo ya que me parece más justo el de popularización, que no lleva esa carga peyorativa de llamar vulgar a la sociedad que lo consume.
Nuestro dialecto no escapa a esto y es muy común desde hace mucho tiempo que por razones de primicia, monopolio, publicidad y hasta regionalismo que ciertas marcas que han popularizado un producto hayan pasado a definirlo, de tal modo que el jabón en polvo pasó a ser Ace, las toallas sanitarias son Modess, la fécula de maíz es Maicena, el queso fundido es Chizguiz, la harina de maíz es Harina Pan, los periódicos sean Panorama, la pintura de uña se Cuté, la máscara para las pestañas sea Rimel o las bebidas achocolatadas pasaron a llamarse Toddy.
La generalización es parte del habla cotidiana y no solo ocurre en estos casos sino en muchos más que nada tiene que ver con productos de consumo sino con acciones o vivencias diarias. Es algo que caracteriza a los idiomas y que ha sido heredado por generaciones imponiendo visiones sesgadas o manipuladas, una de las más comunes y recientemente atacada, la del género.
Las marcas comerciales en una sociedad de consumo que va creciendo y siendo impactada por la diversificación de los medios de comunicación, que sobresaturan el efecto publicitario sobre el futuro comprador, terminan representando una forma de inclusión que hace creer a la persona que el consumir el producto lo coloca como importante porque pertenece a una mayoría que está de moda. Sin embargo, tal vez por eso de la ley de acción y reacción postulada por Newton, la metonima de las marcas en nuestro dialecto ha decrecido y ya no es tan corriente el que un producto identifique su contenido como algo que lo marque en el habla popular y son muy pocas las que se han agregado en lo que va de este siglo,
De mi libro "Disertaciones sobre el dialecto maracucho"