Seguramente, yo todavía estaba enganchado al biberón cuando ella descendió, by the river of no return, hacia el país donde los Inmortales tienen su morada, ocupando un lugar de honor en su Paseo de la Fama.
De adolescente, soñaba con su vestido blanco queriendo alejarse de sus torneados muslos y aunque tenía vecinas –alguna de mi quinta- confieso que nunca consideré a ninguna de ellas, como una tentación que viviera arriba.
Y aunque hubo un momento en mi vida, en el que abrace con fuerza el surrealismo, confieso que nunca me sedujo la idea de salir a la calle con faldas y a lo loco y con el tiempo –que dicen que todo lo cura- llegué a olvidar mis sueños de casarme un día con Marilyn.
AVISO: Tanto el texto, como las fotografías que lo acompañan, son de mi exclusiva propiedad intelectual y por lo tanto, están sujetos a mis Derechos de Autor.