Tu que llegas empapada de roció,
melancólica, ajena del tiempo, poderosa en fuerza,
débil en recuerdos, a veces pasajera,
a veces te hospedas por una temporada,
llegas sin avisar,
y la almohada te acoge junto con mis lágrimas rotas.
Inundando mi alma de pesar,
quiero darte la bienvenida e invitarte a pasar,
todo el tiempo que quieras te puedes quedar.
Porque comprendo y acepto que muy a pesar,
tu eres parte de mi vida,
igual que amar u odiar,
y la alegría, tu amiga, esa que quiero más,
no tendría tanto sentido, si tu no estas.