Los Delitos de Opinión son típicos de los regímenes dictatoriales, bien sea de derechas o de izquierdas. Sin embargo, en las democracias más avanzadas del mundo occidental se ha vuelto a introducir este tipo de delito en los Códigos Penales de algunos países. Los mismos gobernantes que se jactan de decir que respetan la Libertad de Expresión son los que promueven y apoyan leyes que castigan a todo el que piense distinto.
La apología de delitos graves como el genocidio; la incitación al odio, a la discriminación y a la violencia, son fuertemente castigados en pleno Siglo XXI. Incluso, el dudar de hechos históricos, que fueron escritos por los vencedores de una guerra, carentes pruebas científicas y testimonios confiables, puede meter en serios problemas a cualquier ser pensante que tan solo difiera en el número de víctimas mortales.
Imagen del arresto de Pedro Varela
Editar libros sobre Revisionismo Histórico también es considerado delito. No obstante, se persigue a una corriente de pensamiento mientras se permite que otra, que ha sido tradicionalmente más violenta y devastadora, siga difundiendo sus ideas por todos los medios impresos y digitales sin que se le ponga algún tipo de freno. Es evidente que el “Poder detrás del Poder” es quien maneja el futuro del mundo.