Derrame la leche sobre la mesa y ella se acercó, hincó su cuerpo para posar su lengua en el líquido que aún caía como cascada en aquella mesa.
Mi entrepiernas se templó y luego de una poderosa ereccion tome su pelo para frotar mi pene en su boca.
Las luces tenues y el tráfico en la hora pico se mezclaban con nuestros gemidos de pasión. Uno minutos más dijimos al unísono hasta por fin acabar de placer.
Todas las mañana María decía que quería follar, pero a veces no tenía ganas y fingía que tenía las ganas más locas cuando en realidad no quería ni siquiera pararme de la cama.
Soplando en la mañana un aire frío quise llegar hasta sus fauces mientras aún dormía para implorar perdón mientras dormía, la amaba pero debía irme, queria quedarme pero no debía. Mi sed insaciable como si fuera un súcubo termino alejándome de todo vestigio de amor. Solo sexo, fornicacion
Me maté