Braman los alminares, el muecín reclama los últimos rezos que Alá pide en ese día.
El sol resbala por el cielo como una gota por la translúcida esfera de cristal.
Miles de almas imploran con la mente puesta en La Meca.
Un corazón rehúye los últimos estertores del sol, todas sus huellas se plasman en la sombra de los edificios de adobe.
Y corre.
En pos de sentimientos.
De razones.
Egoísta Ladrón de vitalidad.
La noche cae y encapucha sus actos.
Salta, trepa, roba y corre.
Como cada noche.
Aquél que duerme pierde el amor.
El otro pierde el odio.
La joven pierde la ilusión.
Pierde el niño el miedo.
A su espalda una saca llena de sentir, la más pesada de las cargas.
Inagotable en su tarea, evita todo lo despierto.
Cientos de durmientes son víctimas de su rapiña.
Una pizca de esperanza.
Mucho sufrimiento.
Tanta impotencia...cargada a su espalda.
Egoísta Ladrón no quiere dejar nada a los demás.
Pesa mucho la tristeza, pesa tanto el odio...
No es el amor una carga liviana...
Egoísta Ladrón ya no es capaz de trepar, el enorme saco es un gran lastre.
Egoísta Ladrón roba en los hogares de planta baja.
Y sigue su camino bañado en las sombras de las más estrechas callejuelas.
Sus huellas se marcan cada vez más en el suelo, sus pasos son más cortos, su andar es casi forzado.
Y cae.
Se desploma bajo el peso de los sentimientos.
Y amanece.
Los alminares reclaman el primer rezo.
Los imponentes rayos de sol provocan la huida de las sombras.
Y los soldados encuentran al que rapta sentimientos.
Egoísta Ladrón es juzgado y condenado.
Grilletes en sus píes, en sus manos. Cadenas y rejas hoy; muerte para mañana.
El día se hace largo y agónico, Egoísta Ladrón espera la huída del astro rey.
Y mientras miles de almas rezan a Alá, un corazón se arrodilla ante la noche.
Entre sombras y susurros lágrimas huyen de los ojos de nuestro protagonista. Su efímera libertad se estrella contra el suelo de la celda.
Un beso al vacío sella el pacto.
Amanece, nuevos rezos para miles de almas.
Un corazón en silencio es conducido al patíbulo.
Egoísta Ladrón besa a la muerte en la boca.
Su cabeza rueda.
Su cuerpo queda tendido en la plaza a la vista de curiosos.
Pasan perros como la mañana. Le olisquean, le mordisquean.
Pasan ratas como la tarde. Le mordisquean, le devoran.
Pasan y pasan, hasta que llega la noche.
Ella le coge en brazos, le acoge en su seno...
Él cumple lo pactado.
Negra estrella que no brilla.
Antaño robaba, hoy regala...
Sueños.
Ay...Ladrón - (Entreacto)
Corre el ladrón por las calles de Bagdad.
Soldados tras su estela, no le pueden alcanzar.
Corre, salta, rueda...
¡El más grande y famoso de todos los tiempos!
En sus manos la más bella gema.
En su mente la más bella mujer.
¡Corre hasta ella, Ladrón!
¡Muéstrale lo más preciado para los hombres!
Que entienda que ni lo más valioso puede competir con su mirada...
¡Gánate sus besos!
...
Despierta el niño...
Soñaba el niño...
¡Y era el más grande ladrón!