¿Cómo definir lo que siento cada vez que abren la puerta?
Miedo y curiosidad. Intuyo que afuera hay otras sensaciones que yo no puedo sentir hasta ahora. Siempre que me acerco alguien se interpone en mi camino, impidiendo que atraviese el límite que marca esa puerta. ¿Por qué? ¿Qué hay del otro lado? Sacudo mi cabeza como si quisiera ahuyentar al insecto de la duda, y vuelvo a pensar momentáneamente en otras cosas.
Me doy cuenta que tengo hambre y me dispongo a comer, para ello debo luchar y demostrarlo. La comida no está a la vista de todo el mundo: hay que ganársela. Eso lo aprendí y mi memoria lo guarda para hacerlo presente cada vez que la sensación de hambre ataca mi cuerpo.
La puerta se abre ahora, pero estoy más lejos. Sólo distingo a alguien que se acerca y coloca su mano sobre mi cabeza. Me da una golosina… por esa golosina yo haría cualquier cosa, es dulce, deliciosa, refrescante. Me hace olvidar por un minuto que tengo hambre. Y esa sensación brutal vuelve con toda su fuerza.
Voy de acá para allá, tratando de llamar la atención.
Hasta que consigo que alguien de esta casa me sirva la comida. Comer, comer, saciar esta hambre sin parar. Una persona entra en la casa cantando y noto a lo lejos que deja la puerta entreabierta por descuido. Paro de comer, miro la puerta, miro la comida, la puerta, la comida, la puerta, la comida. Tengo que tomar una decisión, el alimento o la libertad... Ya la tomé y comienzo a correr hacia la libertad.
Pero al llegar a traspasar la puerta, una fuerte descarga eléctrica sacude mi cuerpo y lo deja por unos instantes paralizado, acostado con las extremidades para arriba.
Alguien se acerca, cierra la puerta y me dice:
_ ¡No aprendés más!
Y me arrastra del collar hasta mi cajón…