Casi 300 millones de personas de unas cinco mil culturas indígenas permanecen aferradas a sus raíces, pero los gobiernos coaccionan a estas minorías para modernizarse y fundirse en la sociedad predominante, mientras diversos intereses económicos se apropian de sus tierras, al norte de Borneo, en el estado malayo de Sarawak, los bosques tropicales que dieran sustento a los penan han sido diezmados por la tala.
En Colombia, la guerra civil ha colocado cerca de 10 mil kogi en la línea de fuego, y menos de dos mil huaoraní del Amazonas ecuatoriano luchan contra intereses petroleros.