No sé si alguna vez has experimentado una fase de exaltación mística o has probado drogas alucinógenas que te dieran una aparente conexión con todo. Hoy voy a daros mi opinión sobre dónde está el límite entre ver mensajes en las matrículas de los coches y haber perdido completamente el juicio.
La idea para este artículo me surgió leyendo un increíble blog, en el que el autor hace una impresionante deconstrucción personal del significado de la película Matrix. Mi propósito es ampliar un poquito ciertos puntos de ese artículo, aunque podeis continuar sin haberlo leído.
Todo es un espejo
Seguramente habrás escuchado alguna vez que "lo que ves feo en los demás es lo feo en ti", el fenómeno psicológico de proyección. Pero... ¿cómo podemos comprenderlo?
Una aproximación muy interesante al tema puede llegar de manos del budismo. Esta filosofía oriental nos habla de La red de Perlas de Indra para explicar la naturaleza del Universo. Metafóricamente, cada parte del universo es un espejo que refleja a los demás espejos, así hacia el infinito.
De lo mismo nos habla Leibniz ("Las mónadas son espejos indestructibles del universo") y tantos otros excelentes pensadores antiguos y contemporáneos.
¡Veo mensajes por todas partes!
Todo puede significar algo en nosotros si lo leemos "entre líneas", con la "mirada del alma". En ello se basa el método paranoico crítico de Salvador Dalí, lo que en magia del caos se llama "conciencia mágica", como las pareidolias, el método de Ramón Campayo para recordar... etc.
Viendo e interpretando estos mensajes inconexos podemos llegar a volvernos majaretas perdidos. Para no caer en la locura total debemos mantener una INTENCIÓN decidida.
Como ya ha demostrado la loca e incomprendida física cuántica, el observador cambia el resultado del experimento. Llevándolo más lejos: lo que cuenta es la intención, esta determinará las posibilidades de que sucedan cosas u observemos lo que sucede (hasta ciertos límites del individuo y del mundo).
Si tenemos una intención decidida y nos abrimos a este campo de observación, comenzarán a producirse lo que Carl G. Jung llamó sincronicidades (conexión acausal entre un proceso psíquico y un fenómeno físico que consiste en la inesperada aparición de un vínculo altamente significativo entre el estado psíquico “interno” de un “sujeto”, con un acontecimiento “objetivo-externo”).
En este caso, los mensajes que me llegarán los podré poner en relación a mi intención o propósito y no serán una amalgama de información caótica sin dirección ni utilidad alguna.
Por esto, si yo echo las cartas del Tarot (3 cartas) puedo entender un mensaje en combinación entre ellas actuando como espejos del consultante, pero si sólo echara una carta la interpretación se abre tanto que no puedo distinguir algo útil (o todo lo que le diga le parecerá útil).
Pero si nuestra intención es continuar con nuestra vida diaria y empezamos a ver siempre los mismos mensajes es que algo nos queremos decir. Explicar esto racionalmente es imposible.
En estas ocasiones lo recomendable puede ser aceptar nuestro ápice de locura y seguir las señales. Hay muchos testimonios de personas que lo han hecho e inexplicablemente les han sucedido acontecimientos positivos.
Matrículas que nos hablan
Resumiendo, para ver señales significativas en las matrículas de los coches sin perder la cabeza hay que tener claro quién es uno y qué es lo que está haciendo. De todas formas yo lo recomiendo porque aumenta muchísimo la imaginación, como tantos otros métodos de los que hemos hablado antes.
Para convertir los números a letras los judíos utilizan la Gematría, pero podeis usar lo que os de la gana, como, por ejemplo, formar palabras con las letras.
Espero que no os haya estallado la cabeza leyendo este artículo o, al menos, os haya servido de algo. Si alguien os dice que "oye a Dios en las matrículas de los coches" recordad que eso no es garantía de nada, ni de que esté loco ni de que tenga razón. Preguntadle qué va a hacer con la información que Dios le ofrece.
Álvaro Mondéjar, www.siglo25.com