Una de las frases cliché que más se han popularizado en La Liga es aquella de que Real Madrid y Barcelona son dos estados de ánimo siempre en contraposición. Pero es que la popularidad de la frase va de la mano, casi siempre, con su veracidad.
Desde el último Clásico, el Real Madrid regresó de ganar el Mundial de Clubes, pero sucumbió en su propio estadio frente al acérrimo rival. Desde entonces en el Madrid se ha instalado un sentimiento de apatía. Las derrotas y empates siguen llegando, los puntos se escapan, y en el horizonte lejano los rivales por puestos de Champions parecen encontrar estabilidad.
Pueden hacerse muchos análisis de la situación actual del Madrid. Que la plantilla no tiene la misma fortaleza del año pasado, que Zidane no es el indicado para conducir el equipo (dos Champions después de por medio), entre otros apuntes que se vacían en los diarios deportivos.
En mi opinión son dos las claves de este retroceso del equipo merengue. La primera es que el juego de asociación, ese que apareció en la final de Cardiff y en la final del Mundial de Clubes, aparece muy esporádicamente. Los goles no llegan de ese tipo de juego, sino que se basan en destellos individuales. El Madrid es un equipo que en su mejor momento es imparable, pero esos "mejores momentos" son cada vez más escasos.
La segunda razón de este bajón es la falta de puntería de los delanteros. Cristiano Ronaldo puede ser un jugador indispensable, pero su nivel de definición ha bajado este año. El equipo lo resiente aún más cuando Benzema _ aunque por mucho se empeñe Zidane en decir que no es un nueva a la antigua usanza _ no mete los goles que debe meter. La única esperanza que asoma es Gareth Bale, que si regresa poco a poco a su nivel, podría ser parte de la salvación.
Son 16 puntos los que separan al Real Madrid del liderato, una distancia insalvable. Aunque de la boca hacia afuera los merengues digan que La Liga no está perdida, deben estar conscientes de que ese tren se escapó. Ahora queda simplemente reducir los estragos, y eso pasa por instalarse en los puestos que dan acceso directo a la Champions League del próximo año. Jugarse todo a una sola carta es demasiado peligroso, y ganar la Champions de este año no puede depender de tanto "timing".