Una noche más,
vuelve el insomnio
convirtiéndo mi cuerpo en esclavo.
El tiempo pasa
y mis ojos se avivan
como el verano.
La soledad aún no dice
cuando es turno de dormir.
Por la noche, los corazones respiran
pacíficamente, mientras yo,
cabalgo en el suspiro de los ecos
que muestran un día nuevo
en el que tampoco soñaré.