Ayer te volví a ver llorando,
con tú mirada profunda al cielo,
con un grito inclemente
pidiendo piedad por tu sufrimiento.
Cabizbaja con su herida,
sin entender que yo la quería,
que viví su sufrimiento
deseando hacerla sonreír;
pero dejando mi corazón desilusionado.
Se arrugaba mi alma
con cada lágrima suya derramada;
sin poder dar un paso hacia delante
para reverdecerte de sonrisas,
esperanza y fantasías.
Te amé a escondidas,
como un soldado
huyendo de la guerra.
Hoy pienso que hice mal en esconderme,
capaz un intento hubiera valido
para que no derramaras tu sangre
intentando librarte del dolor.
Ahora te veo ahí,
maquillada como un ángel
y escoltada por flores;
con un silencio en tu alma
que enmudeció cada verso.
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