Me voy
dejándote un beso envenado en la frente,
dejando mí despedida en una carta pisada
con tu ángel preferido.
En la casa
dejé regado trozos de mi alma,
recuerdos que no me quise llevar
de un pasado que no debo conmemorar.
Me voy
entregándote el espacio que obligas,
tu mundo de falsos sueños;
afligida realidad que no confiesas.
Te dejo
con una última caricia en tus hombros
mintiéndole directamente a tu fachada;
rasgo que fui aprendiendo de tus engaños.
Me voy
y llevo en la mano una historia que hoy termina,
veo como lentamente se desvanece
con cada paso que doy, con cada lagrima que derramo.
Te dejo;
Sin embargo, no deseo dejarte,
pero tampoco me permito quedarme
y seguir siendo el velero que naufrague ese mar.
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