Si es la primera vez que escuchas la palabra "Madrigal", no te alarmes.
A menos que seas músico. En ese caso, sí.
Dentro de la música hay infinidades de géneros, tendencias y demás. Todas nacidas en momentos, épocas o siglos diferentes. En el mundo de las composiciones corales hay también muchísimas vertientes musicales, y hoy quiero hablarles de una en particular, el Madrigal.
Entre las muchas definiciones que se pueden encontrar en Google, descubrirás que se trata de una composición de tres a seis voces, cuyos textos suelen ser bastante propios de la cultura de quien los escribe (coloquiales). La mayoría están compuestos para ser interpretados a capella.
Cuando comencé a cantar en coros, el primer repertorio que aprendí fue de madrigales, porque justamente se acercaba un concierto con esa temática. Recuerdo que desde que comencé a aprenderme la primera obra me sentí extremadamente conectado con lo que estaba sonando, con lo que estábamos cantando. Pensé, entonces, que ese era el poder de las composiciones corales, que inevitablemente se te adherían a la piel y la música pasaba a brotar por si sola de ti.
No mucho tiempo después me di cuenta de que no era el caso.
Pasó un tiempo considerable antes de que volviésemos a trabajar un repertorio de madrigales. Pasamos por movimientos de épocas como el barroco, clasicismo; incluso trabajamos muchas obras sacras. Y si, por supuesto que, en cierto modo, le agarré amor a cada una de formas diferentes. (¿Cómo no amar el Réquiem de Mozart o la 9na de Beethoven?).
Casi había olvidado la magia de cantar un madrigal, hasta principios de éste año. ¡Volvieron los madrigales! Comenzamos a montar uno nuevo, nunca antes interpretado. Ni siquiera en el rincón más recóndito de la internet se encontraba un audio de aquella pieza.
Y es que claro, se trataba de una vieja partitura encontrada de una composición de José Antonio Abreu, de los años quién sabe.
Ninguno de nosotros nos dimos cuenta de lo que estábamos haciendo hasta ya pasadas una o dos semanas de ensayo, en que comenzó a sonar todo completo y preciso. ¡Qué clase de monstruosidad teníamos en frente! Verán, algo particular que amo de los madrigales, es que sus letras normalmente son de poesía. Pero, cada obra, no se vale sólo de la letra para su expresión poética, al contrario. Es la música la que termina de darle sentido a la letra de la obra.
Ésa es la verdadera magia del madrigal, que la armonía, la melodía, cada línea musical te transporta hasta el sentimiento pleno y la letra solo está allí, pequeña y precisa, colocándole un nombre a lo que sientes mientras lo oyes todo.
Puedo hablarles muchísimo más acerca de los madrigales, pero ¿qué mejor forma de explicarlo que regalarles un extracto del Madrigal del que les hablo?
He aquí la letra de éste:
Luz vertical
Alta, tu luz vibrante.
Y yo, la negra, ciega, sorda, muda
Sombra horizontal.
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