Una voz viene rasgando a jirones
Trayéndose consigo todo mi volcán
de aliento…
Hiere si, como hiere
La filosa daga que corto
Con besos los últimos brotes
De mi primavera.
Una encina ámbar Ira suturando , zurciendo
con hilos, la herida profunda
en mi largo tallo…
¡ Ay de aquellas gotas de rojo de grana!
¡Ay, de aquella huella horadada en mi alma!
…Pasaron las lunas, se cubrió la herida
Y un roció bendito lavo la corteza
Y con tal sorpresa, un brote dormía
como las orugas, de tiernas corolas
abriéndose paso, destejiendo el hilo,
entre las pavesas que dejó el verano,
sin ninguna queja por el que infringió
la daga filosa que cortó con besos
una primavera con calor de otoño.
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