Buena, algunos de ustedes ¿tienen alguna joya, que representa un valor para ustedes? Si es así, es posible que la tengan bien guardada. Los tesoros, en la antigüedad se guardaban, en vasijas de barro que no tenían ningún valor. Pero el valor lo tenía lo que estaba dentro de esa vasija. Hoy les quiero hablar de un gran tesoro, por eso el sermón lo he titulado “EL TESORO”. Para ello vamos a estar leyendo 2 Cor. 4: 7-10. Aquí el tesoro es el glorioso mensaje del evangelio. Los vasos de barro, en cambio, son los frágiles y débiles cuerpos humanos. Es inmenso el contraste entre uno y el otro. El evangelio es como un precioso diamante que resplandece y brilla, cuando la vasija de barro se deja usar. Y pensar que un diamante tan precioso, como el evangelio, ha sido confiado a un vaso tan frágil y quebradizo. De esa manera se puede observar el sublime (excelente) poder que viene de Dios y no de ninguna persona. Nosotros somos débiles y frágiles y el tesoro que es el evangelio vino a transformar nuestras debilidades en fortalezas. Y es allí que eso lo hace el Señor con su sublime poder y no nosotros que somos orgullosos y queremos recibir alabanzas. Es maravilloso pensar y saber que Dios nos ha dado tan grande privilegio. El hecho paradójico de que una vasija tan frágil sea portadora de tan rico tesoro, tiene por objeto poner de relieve que el evangelio no es una invención del predicador y que las conversiones llevadas a cabo mediante la predicación no se deben a su competencia humana, ni a su elocuente oratoria, sino al sublime poder de un Dios soberano, quien es el que produce el efecto interior. Vamos a ver como el apóstol compara lo que le sucede a una frágil vasija de barro con la manifestación del sublime poder de Dios en las más difíciles circunstancias de la vida:
I.- ATRIBULADO EN TODO, MÁS NO ANGUSTIADO:
Las tribulaciones de nuestras vidas no pueden ser eliminadas, siempre van a estar allí. Pablo experimentó en su ministerio muchas tribulaciones, más no se angustiaba, es decir, no llegaba a tener un estado de desasosiego e inquietud profunda. En medio de esas tribulaciones confiaba que el Señor le daría a victoria. Es posible que usted este pasando en estos momentos por alguna tribulación: enfermedad, muerte de algún familiar, sin trabajo, situaciones difíciles en el hogar. Todas estas y otras tribulaciones, no deben llevar a controlar nuestra vida, de tal manera que ni dormimos porque estamos angustiados. Nuestra confianza en Dios debe estar por encima de cualquier tribulación de la vida que nos toque pasar. Muchas veces nos sentimos atribulados por nuestros adversarios y las dificultades de la vida, pero eso no debe estorbar para poder anunciar el mensaje del evangelio con libertad. No podemos eliminar las tribulaciones de nuestra vida, pero si podemos decidir creerle a Dios o no creerle. Muchos, las angustias los llevan a tomar decisiones que muy rápidamente se arrepienten. He escuchado que muchos han abandonado el camino de Dios por las tribulaciones de la vida. Hoy el Señor nos dice que, si le creemos a Él, no nos vamos a angustiar. Pasaremos la tribulación en medio de la noche y al amanecer tendremos la bendición de Dios, viene la calma y la paz.
II.- EN APUROS, MÁS NO DESESPERADOS:
Pablo muchas veces no sabía que posible solución debería poner a sus dificultades, y sin embargo el Señor nunca lo dejó llegar al lugar de la desesperación. Nunca fue llevado a un lugar tan angosto que no pudiera salir. Muchas veces estuvo en apuros, pero nunca desesperado, porque sabía en quien había creído. Y en apuros anunciaba el evangelio. Es posible que te encuentres hoy en apuros, pero debes apoyarte en el Señor. Somos vasijas de barro: débiles, frágiles, pero al tener el evangelio en nosotros obtenemos la victoria, a pesar de la situación más feroz que estés pasando.
III.- PERSEGUIDOS, MÁS NO DESAMPARADOS:
Dios promete estar con nosotros en medio de cualquier situación. Pablo era un gran perseguidor de la iglesia de Jesucristo. Vio morir a Esteban y otros más. Pero por causa del evangelio se convirtió de perseguidor a perseguido. Y sufrió en carne propia la más despiadada persecución de aquellos tiempos, sin embargo, Dios nunca lo abandonó, nunca fue desamparado. En medio de la cárcel: Pablo y Silas, oraban y cantaban himnos a Dios y allí Dios estaba con ellos de tal mara que fueron liberados. Ellos eran vasijas de barro (débiles), pero el gran poder de Dios se demostró allí. En medio de la persecución Dios no te va a desamparar. Muchos pueden estar en contra tuyo y te buscan para hacerte daño, pero Dios estará contigo. Así como lo dijo Dios a Josué, en Josué 1: 5; no nos dejará y no nos desamparará. Que gran bendición saber que el Señor está con nosotros en medio de cualquier situación. No te desanimes, busca cada día al Señor. El promete estar contigo, no te abandonará.
IV.- DERRIBADOS, PERO NO DESTRUIDOS:
Pablo fue muchas veces, gravemente herido, pero el Señor volvió a levantarlo, para ir con las gloriosas nuevas del evangelio. Pablo estando en Listra, lo apedrearon y lo sacaron fuera de la ciudad pensando que estaba muerto, pero Dios lo levantó, para anunciar con más vehemencia el evangelio. En nuestro diario caminar podemos ser derribados, como le sucedió a Pablo, pero nunca el enemigo podrá destruirnos, si estamos agarrados de Dios. Que gran bendición saber que Dios cuidará de nosotros, y jamás el enemigo podrá destruirnos. Debemos ser fiel en anunciar el evangelio, llevando su palabra como nuestro estandarte. Recuerdo a la mujer que, llegando a la meta, en el maratón de 42Km, se cayó y llegó a la meta arrastrando su cuerpo. El enemigo puede derribarnos, pero llegaremos a la meta, aunque sea arrastrándonos y obtendremos la victoria. Dios es mayor que todo. No hay nadie como Él. Nuestra confianza debe estar en Él. ¿por qué el Señor dejó pasar a Pablo por tantas aflicciones y nosotros también pasamos por ellas? Dios, en su maravillosa sabiduría, ve apropiado dejar que sus siervos sean tocados por enfermedades, dolores, aflicciones, persecuciones, dificultades. Todo ellos están dispuestos para quebrantar la vasija de barro, para que la luz del evangelio pueda resplandece con mayor claridad. La razón suprema de este triunfo de Pablo en medio de las más difíciles situaciones las da el Versículo 10. Pablo seguía la pauta de Jesús, en medio de estas situaciones estaba dispuestos a morir por el evangelio. Así como lo dijo en Gal. 2: 20, Pablo estaba dispuesto a dar su vida por Cristo. Era un diario morir, es decir, cada día moría su yo y se hacía más presente. Bendiciones