Anteriormente para un venezolano era común la idea de pasear en familia, con amigos y allegados y disfrutar de su tierra en todo su esplendor: comprar frutas, bebidas naturales y demás exquisiteces que venden durante el recorrido.
Incluso al llegar a nuestro destino, estábamos acostumbrados a disfrutar de las artes culinarias de aquellas familias que día a día brindaban exquisiteces y buen trato a todos los visitantes.
Hoy día, esa parte que coloreaba nuestras vidas se ha apagado y se ha tornado gris, esto gracias a todas las vicisitudes económicas que cada uno de los que estamos en este país ha tenido que enfrentar. Simplemente, lo que era algo común se ha vuelto un anhelado recuerdo.
Pero! el aguante y el gran corazón que nos caracteriza no nos ha dejado derrotar, porque hoy día agradecemos con mayor fervor lo logrado. Agradecemos el poder salir, el ir a pie o en cola, el conseguir llegar a nuestro destino y aunque ya no compramos o degustamos tanto como antes de las exquisiteces durante el camino, nuestros pulmones se llenan del aire que la naturaleza nos brinda, recordamos a los que se han ido y soñamos volver a disfrutar de esos días donde era tan común ser Venezolano.
Aún así, apuesto lo poco que tengo que cada uno de nosotros ama con más ahínco lo que nos queda y en cada uno de nosotros los sueños (de materializar lo que para otros es nada) se hacen más fuertes.