En esta publicación y luego de arduo trabajo de investigación, nuestro equipo de redacción desarrollará para ustedes los elementos de carácter social y cultural que subyacen detrás de nuestra emocionada reacción cada vez que vemos a nuestra amada selección entonando el himno nacional, antes de cada partido.
Pónganse de pie, crucen su pecho ensanchando de júbilo con el brazo y prepárense a leer otro esclarecedor artículos preparado con mucho cariño por nuestro equipo campeón del
Hablar de futbol es hablar de sentimientos, de pasiones, de esos momentos tan trascendentales que han marcado la vida de muchos, no solo de los jugadores, sino de los aficionados que de una u otra forma conectan parte de sus más gloriosos o tristes recuerdos, según sea el caso, con la celebración de la magna cita mundialista. Esos sentimientos están profundamente arraigados dentro de nuestras características socio-culturales y antropológicas, tal como lo detallaremos a continuación.
Instinto Cazador
Para Desmond Morris, zoólogo y etólogo británico, la raíz de la pasión por el fútbol, subyace en el hecho de que este deporte reproduce, simbólicamente, el acto de la caza y por ende el sentido de supervivencia que ha prevalecido por miles de años en el desarrollo de la raza humana.
La psicología asociada al juego de futbol se vincula, además del sistema de neurotransmisión dopaminérgico como lo vimos en la entrega anterior, con ese instinto depredador que poseemos los seres humanos. Nosotros, a pesar de nuestra elevada inteligencia y capacidad simbólica, seguimos reproduciendo el comportamiento básico de caza de nuestros “parientes” más cercanos: chimpancés y bonobos, cuyas estrategias para cazar una presa, se asemejan a las siguen los jugadores de un equipo de futbol para lograr un gol.
Según Morris los jugadores de futbol actúan con depredadores en procura del alimento para su grupo, el balón simboliza el arma y el gol es la presa. Siendo el gol tan difícil de conseguir, como casi todas las presas, los depredadores gambetean y enlazan las más hermosas jugadas, sabiendo que en ello les va la vida. Eso explica la gran euforia que se siente al conseguir un gol, ya que en analogía con el acto de caza, el tener o el perder la presa, implicara la continuidad de la vida o la proximidad de la muerte.
Quizá por ese mismo simbolismo relacionado a la caza, es que cuando un jugador convierte un gol levanta su mano con el puño cerrado, exhibiendo de manera invisible pero categórica que ha atrapado la presa, es como si les dijese al resto de la manada: “señores he aquí el alimento, seguiremos con vida”.
Guerra, ¿a muerte?
Para el profesor Jairo Zuluaga, profesor de neurofisiología de la Universidad Nacional, el juego de futbol es una confrontación que de alguna manera revoca la guerra y las relaciones tribales. En su opinión, los antropólogos han analizado el comportamiento de los jugadores en el campo y se asemeja al de dos ejércitos en plena batalla.
Los colores de las camisetas, vienen a representar los estandartes o banderas de guerra, así como las naciones que cada bando representa, por lo que el futbol pasa se convierte en un simbolismo que hace los conflictos bélicos más humanos, dignos y leales.
Como en toda batalla cada bando defiende una posición, una idea, un territorio; busca por medio del uso de la fuerza y con todos los elementos que tiene a mano vencer a su enemigo e imponer sus propias reglas, en el caso del futbol este enfrentamiento bélico se hace en igualdad de condiciones, con las mismas reglas y recursos para ambos bandos, lo que el enfrentamiento más justo y por tanto más atractivo.
De allí que observemos que en muchos casos estas confrontaciones, sobre todo cuando los juegos son entre selecciones de países o regiones rivales en el campo político, se salgan de control sobre todo por parte de los aficionados; que eufóricos por el triunfo conseguido o enardecidos por lo que pudiesen sentir como una derrota ilegitima, terminan agrediendo físicamente a los partidarios del equipo contrario.
Definitivamente en el futbol, las emociones son inevitables, los goles y el triunfo nos pueden llevar a la felicidad, nostalgia, euforia y hasta al llanto. Por otro lado, la derrota nos puede causar un profundo sentimiento de tristeza y mal humor. Lo que eventualmente puede ser aprovechado por las grandes compañías o los gobiernos nacionales para influenciar en el comportamiento de la sociedad y la manera como se expresa, situación que analizaremos en una próxima publicación cuando establezcamos relaciones entre la economía, la política y el futbol.
Esperamos que esta segunda entrega, haya sido del agrado de nuestros lectores y que les permita participar activamente en las interesantes opiniones que tenemos el gusto de diariamente leer en nuestras publicaciones, hasta una próxima entrega.
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