Emigrar se ha sentido frío. No por el cambio de cultura, ni siquiera por lo que se deja atrás, sino más bien por los nuevos comienzos, la falta de sentido, de propósito. Volver a estar en una encrucijada ¿Quien soy? ¿Que quiero? ¿Que busco?. Estar en un país de diversidad es maravilloso pero a la vez abrumador, elegir una cosa significa sacrificar otras. Buenos aires para mi no era más que ese anhelo de caminatas nocturnas bajo faroles amarillos a la orilla de un muelle (que no ubico) con amigos tipo el club la serpiente de Cortázar (que - por ahora- no existen). Buenos aires era esa fusión imaginaria de París con rayuela y de Tomás con Teresa y Karenin, con un poco de Macondo, y todo junto. Y quizá lo sea, yo que sé. Por ahora solo es un apacible sitio melancólico lleno de belleza y de una serena tristeza.
Foto tomada por un MOTOG5S plus, de mi autoria.