Como todos sabemos, los ríos que atraviesan las ciudades han sido, desde tiempos remotos, vías de comunicación naturales, pero también de desecho para los residuos urbanos, esto hizo que se convirtieran, con el paso de los siglos, en auténticas cloacas a cielo abierto, un destino no muy diferente tuvo el Támesis, que ya en el siglo pasado corrió el riesgo, literalmente, de morir a causa de los vertidos industriales masivos.
Finalmente se intentó poner remedio a esta situación trasladando las diversas centrales eléctricas río abajo y alejando el puerto de la ciudad, de esta forma, el río y sus orillas han empezado a recuperarse, convirtiéndose en refugio de pájaros silvestres y de peces de todo tipo.