La envidia es considerada uno de los pecados capitales y más allá de las cuestiones religiosas respecto a lo que la envidia se refiere, me parece que en la vida, la envidia puede ser un gran pecado en el camino de tu desarrollo personal.
La envidia es una postura que lejos de llevarte a obtener, a ganar y a producir, generalmente te lleva a criticar, a juzgar con severidad y a demeritar los éxitos, esfuerzos y logros de otro ser humano. Una persona que suele estar instalada en la envidia, generalmente está enfocada en una sensación de malestar para buscar todas las justificaciones del éxito ajeno.
Ahora hablemos de la admiración, a mí me gusta verla como la contraparte de la envidia. Cuando lejos de envidiar, nosotros decidimos enfocarnos en admirar el éxito o los logros de otras personas, podemos construir una productiva admiración que nos llevará a tener un enfoque más productivo.
Si yo te admiro, desearé aprender de ti, enfocarme en las cosas que si yo obtuviera como habilidades, relaciones, posibilidades, etcétera, me permitiría crecer como ser humano. Te tomaré como modelo de éxito para encaminarme hacia mejor destino.
Si te descubres criticando el éxito ajeno o justificándolo, te propongo detenerte unos instantes para reflexionar acerca de lo que está propiciando que tengas esa actitud. Y si descubres que has tenido rasgos impulsivos de envidia, al percatarte, puedes reenfocarte de una manera más proactiva para buscar las cosas buenas que han llevado a la otra persona al sitio donde está y, poco a poco, aprender, valorar y ejecutar nuevas acciones para avanzar hacia una vida más plena en todo sentido.
Mientras la envidia destruye posibilidades de crecimiento y buenas relaciones. La admiración puede hacer exactamente lo contrario.
Haz un análisis de gente que ya logra lo que tú deseas, aprende a admirarlos, aprende de ellos y ponte en acción para salir siempre de un camino limitante y enrutarte en un camino de crecimiento constante.