“Mujer no es gente”
Saludos, compañeros de Steemit. @Equipocardumen sigue con sus proyectos editoriales con el ánimo recargado. En este número del Citario, coordinado por , he tomado una cita de Friedrich Nietzche, de su libro Más allá del bien y del mal para fijar mi posición respecto a esta.
Es un signo inconfundible de estrechez de espíritu equivocarse respecto al problema fundamental del hombre y de la mujer, es decir, negar el abismo que los separa y la necesidad de un antagonismo, soñar que puedan tener igualdad de derechos, una educación idéntica, las mismas pretensiones y los mismos deberes. A un pensador que sufra esta estrechez se le podría considerar como sospechoso de todas las demás cuestiones. Es posible que ante todos los problemas esenciales de la vida, incluso de la vida futura, confiese su incapacidad para llegar al fondo de las cosas. Por el contrario, un hombre que posee profundidad en el espíritu, en la mente y los deseos, y al mismo tiempo una profunda benevolencia y que simultáneamente sea capaz de una severidad, de una dureza con las que se le pueda confundir no puede pensar a propósito de las mujeres más que a la manera oriental. Debe considerar a la mujer como una propiedad, como un bien que hay que guardar con llave, como un ser hecho para la domesticidad, que se encuentra identificada con esta situación subalterna
Esto hizo que las cosas se pusieran muy duras; me cuenta mi madre que mi abuela se levantaba en la madrugada para moler el maíz y cocinar para más de cincuenta peones.
Mamá creció en un ambiente donde la mujer era casi una esclava, en todo caso, el peón peor pagado.
“Mujer no es gente” es el refrán popular que mejor define la idea que se tenía de la mujer de ese entonces.
Desde pequeña la formaron para atender al marido (obediente y servicial) y parir la mayor cantidad de muchachos que le fuera posible.
Podríamos entonces decir que era una sociedad nietzscheana en lo que respecta a la mujer, al menos.
Todo el mundo tenía claro que el papel de la mujer era ser la servidumbre particular del marido; para eso había nacido, la religión católica y las leyes fortalecían esa idea.
Yo nací en el año 1955 (aún vivo). Cuando tenía seis años, mi madre tenía veintinueve años. Para ese momento en la casa (bajo su ley) los hombres y mujeres tenían los mismos derechos; mi hermanita y yo compartíamos las tareas del hogar. El respeto y el amor hacia la mujer se me fue inculcando delicada y sabiamente. El machismo jamás se sentó en nuestra mesa.
El Dios, al que mi madre le rezaba, abría sus brazos para hombres y mujeres por igual.
Mi madre aprendió a leer y a escribir a los cuarenta años, no tiene más formación que la de la vida.
¿Dónde aprendería a parársele de frente al texto de Nietzsche, que ahora les cito?
¿Dónde aprendería a ser diferente a todas sus amigas, sus hermanas, sus comadres, sus vecinas, sus ancestros? Siendo un adolescente se lo pregunté. Por primera vez hizo un largo silencio para responder, luego me miró a los ojos y me dijo:
-Siempre lo supe, creo que nació conmigo. Nunca dije nada en la casa, pero estaba convencida de que formaría a mi familia con otros principios.
Leo y releo Más allá del bien y del mal, y cada día me repito más y más: NO, la mujer no es inferior al hombre. Definitivamente no.
Agradecido por la lectura.



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