Escritura creativa en el aula /
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Sin embargo, todos deberíamos dominar la lectura y la escritura en el nivel más básico, esto quiere decir, comprender lo que leemos y poder expresarnos eficazmente por escrito. Más allá de ello estarán quienes escriben con el propósito de ser publicados y ser leídos por un gran número de lectores y obtener premios por sus producciones escritas.
Nuestra escritura tiende a ser el reflejo de nuestra manera de pensar, puesto que las ideas que trasladamos al papel primeramente han debido ser concebidas y maduradas en nuestro pensamiento. Luego, cuando sentimos que debemos exponerlas para ser leídas, llevamos a la escritura esas ideas y las adaptamos a las exigencias de la forma expresiva que, desde nuestra perspectiva, es la más adecuada.
En la práctica de la docencia, sobre todo en el área de lengua, nos encontramos con niños y jóvenes que muestran algunas dificultades para leer y escribir. Estas dificultades muchas veces van más allá de lo normativo; tocan el terreno de lo motivacional. En mi caso particular, como docente de Comprensión y Expresión Lingüística, asignatura obligatoria en el primer semestre para todas las carreras de la Universidad de Oriente, he observado cuán deficiente es la competencia lingüística de los bachilleres que ingresan a la educación superior y, asimismo, cuánto rechazo manifiestan a leer y, más aún, a escribir textos de su propia autoría.
Sin embargo, este rechazo a la práctica de la escritura llega a niveles mínimos y casi desaparece cuando se sugiere la producción de textos narrativos. Mis años de experiencia en la docencia me han permitido hacer muchas comparaciones al respecto.
En el programa de la asignatura que mencioné, debemos trabajar (entre otros aspectos) la lectura y producción de composiciones vinculadas con la lectura. Yo trato de presentar igual número de textos expositivo-informativos y literarios (específicamente narrativa corta). Aquellos casi siempre vinculados a la carrera de los participantes del curso y estos últimos según mi gusto personal.
El Instituto Cervantes ofrece, en Saber escribir (2007), una clara definición de estos dos tipos de texto:
El texto narrativo
Sirve para relatar o contar hechos reales, imaginarios o ficticios que se desarrollan durante un período de tiempo en medio de algún escenario con unos determinados personajes. En la narración es importante la acción de los personajes que está ligada a los hechos que se relatan generalmente de modo lineal, siguiendo el esquema clásico: planteamiento, nudo, desenlace, es decir, de principio, medio y fin.
El texto expositivo
Plantea un tema que ha de ser explicado con ideas ordenadas, objetivas y claras para que pueda ser comprendido e interpretado certeramente por los lectores. Predomina el orden lógico -presentación, cuerpo y conclusión- con un desarrollo deductivo o inductivo.
Para demostrar la comprensión de la lectura, los participantes deben elaborar algunas composiciones (análisis, resumen y ampliación) vinculadas a los textos leídos y he observado en todos los cursos que los ejercicios realizados a partir de la lectura de textos expositivo-informativos presentan problemas de coherencia y falta de orden así como ideas incompletas y desconectadas unas de otras y que, sin embargo, cuando se trata de demostrar la comprensión de textos narrativos, los productos son más consistentes y organizados.
De igual modo, la producción de textos bien sea a partir de un tema libre o impuesto, reviste más problemas cuando se trata de un texto informativo que cuando se pide un relato. De manera general, cuando solicito ejercicios de naturaleza expositiva, los indico para ser realizados fuera del aula con un límite de tiempo mucho más extenso que si se tratara de una evaluación en aula. Allí el factor tiempo deja de ser un problema pues los estudiantes cuentan con muchas horas para realizar el trabajo indicado. No obstante, esta libertad no ayuda a la realización óptima de la asignación y los jóvenes ceden a la tentación de copiar los ejercicios de la web. Los resultados casi siempre son desfavorables y el número de aprobados bastante bajo.
No así cuando se trata de los ejercicios de creación literaria que, además, en la mayoría de los casos son realizados en el aula con las restricciones temporales que ello implica. Los jóvenes empiezan con mejor disposición anímica (nunca se quejan de la naturaleza del ejercicio ni de las exigencias de forma y extensión) y realizan hermosas composiciones que resaltan (por su coherencia, pertinencia, orden y, obviamente, esa magia que poseen los textos literarios que encantan al lector y le obligan a llegar hasta el final del relato) respecto de otros textos elaborados por los mismos estudiantes.
Para la comprensión de la lectura he trabajado con diversos relatos y estos han servido para la elaboración de magníficos ejercicios de ampliación que, en otro momento, me gustaría compartir con mis lectores. Por razones de tiempo, mencionaré aquí solo dos de esos relatos:
1.-"La jauría del destino", de Saki.
Este maravilloso cuento fue propuesto para ser narrado desde la perspectiva de uno de los personajes: el mayordomo. Los estudiantes realizaron obras literarias impecables (narrativamente hablando) en las cuales no solo no olvidaron la instrucción del cambio de punto de vista narrativo sino que, además, respetaron la naturaleza de las acciones y trasladaron a sus creaciones el clima de suspenso de la obra que les servía de modelo.
2.- "El despertar", de Antonio López Ortega.
Este breve relato fue leído en el aula para luego ser ampliado. La propuesta fue dar un final distinto. Los personajes podrían ser rescatados del destino que los signó la versión original o ser hundidos de forma definitiva. Los desenlaces que ofrecieron los jóvenes al final de la obra de López Ortega fueron realmente inesperados pero todos eran absolutamente coherentes y posibles para aquella obra.
Otro tipo de ejercicios de escritura de textos narrativos que he propuesto consiste en la relación de una vivencia de naturaleza fantástica. Esta puede ser un sueño o una experiencia vivida por el mismo autor o por otra persona de quien aquel la haya oído directamente.
Los estudiantes, cada vez que propongo esta temática para la narración, hacen gala de magníficas historias cuyo germen son, casi siempre, pesadillas, sueños recurrentes o vivencias terroríficas que han sufrido en carne propia por su temor a la oscuridad y/o a la soledad.
Obviamente estos jóvenes incurren en errores ortográficos en sus relatos en la misma medida que en sus textos expositivo-informativos, sin embargo, mientras en estos cometen fallas a nivel de discurso (falta de unidad temática, imprecisión, ausencia de orden) en los textos narrativos atienden el orden cronológico, usan formas precisas y respetan los tres momentos fundamentales del relato. Solo son censurables a nivel ortográfico.
Jorge Luis Mena señala en Ciencia, espíritu y lenguaje que
El escritor escribe por una o muchas necesidades perentorias, pero sobre todo por una urgente necesidad de expresar su mundo interior, su entorno, la parte que él como individuo vive, ama y experimenta de su idioma. Para ello, entonces, es decir, para expresar tal amplitud, no puede atenerse a la constante observancia de los preceptos gramaticales. (1995: 24-25).
Y luego añade que:
En la escuela y en el liceo se debería cambiar la óptica manida de la enseñanza del idioma según la cual la lengua debe estar al servicio de la gramática. Pues no. Justamente lo contrario: la gramática al servicio de la lengua. Mucha lectura, escritura y expresión oral es lo que conviene para estudiar la lengua, haciendo énfasis en la constante participación del educando, motivando su creatividad, enseñándole a amar su lengua - y no al manualito de gramática -. Conviene - si - una sistematización pero dosificada. Que las reglas acompañen el constante uso de un idioma forjado en la lectura y la contemplación. No las leyes gramaticales ahogando la iniciativa y el potencial creador de nuestros jóvenes educandos (ob.cit.p.25).
La creación de textos literarios ofrece infinitas posibilidades para trabajar los aspectos ortográficos y morfosintácticos. Por ello, quizás, deberíamos dar predominancia a este tipo de escritos en nuestro ejercicio docente si nuestro propósito es reconciliar a nuestros niños y jóvenes con la lectura y la escritura. Luego, y en la medida en que leer y escribir dejen de ser para ellos una mera actividad para aprobar una materia, irán limpiado su escritura de los imperdonables errores ortográficos y, asimismo, elevarán su registro lingüístico a niveles óptimos que sobrepasarán los propósitos iniciales de docentes, representantes y los suyos propios.
He consultado para la elaboración de este artículo:
Instituto Cervantes (2007) Saber escribir. Buenos Aires: Aguiar, Altea, Taurus, Alfaguara.
Mena, J. L. (1995) Ciencia, Espíritu y Lenguaje. Astro data: Venezuela.
Eudis A. Díaz. ()* Licenciada en Educación mención Castellano y Literatura. Ha impartido (desde el año 2004) las asignaturas Comprensión y Expresión Lingüística, Introducción a la Gramática, Estética de la Literatura Infantil y Seminarios de Investigación en el área de Lingüística en la Universidad de Oriente - Núcleo de Sucre (Venezuela). Es escritora de artículos de opinión para la prensa de su ciudad y estudiante de dibujo artístico.
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