Filosofía del diseño de Vilem Flusser: La cultura es embustera /
Vilem Flusser fue un catedrático de Filosofía nacido en Praga en 1920, muerto en 1991 en un accidente cerca de la frontera checo-alemana. Flusser promovió entre los campos del arte y la tecnología una especie de "ficción filosófica": así era su modo de pensar y de encontrarse en el mundo.
Como dominaba perfectamente muchos idiomas (checo, alemán, portugués, inglés y francés) fue capaz de reflexionar sobre el diseño y su sentido desde una perspectiva lingüística. En su libro Filosofía del diseño. La forma de las cosas (2000) hace un análisis de la palabra diseño en diferentes idiomas, comparando las distintas connotaciones y significados que se le adjudican.
La palabra diseño contiene en sí, desde su origen latino, el término signum que significa lo mismo en alemán (zeichen), signo o dibujo. Diseñar, dice Flusser, si se traduce del alemán, sería algo así como “de-signar”. En cambio si se revisa desde el inglés, design, como sustantivo, significa “intención”, “plan”, “propósito”, “meta”, “conspiración malévola”, “conjura”, “forma” y “estructura fundamental”; y como verbo, to design, se puede traducir como "tramar algo", "fingir", "proyectar", "bosquejar", "conformar o proceder estratégicamente".
Viendo esta variedad de significados, surge la pregunta de cómo adquirió la palabra diseño el significado que hoy le damos y por qué es tan diferente en sus diferentes acepciones.
Esta palabra tan usada hoy día, tiene, con ciertas variaciones de país a país y de un idioma a otro, connotaciones negativas o, como mínimo, frívolas; carga semántica que ha heredado históricamente. Así, el diseño es visto en muchos casos como un intento de engaño, y lo acompañan en el padecimiento de estos estigmas lingüísticos palabras que son muy importantes para disciplinas relacionadas con la concepción del diseño, como lo entendemos modernamente. Por ejemplo, cercana a esta definición se encuentra la palabra griega “mechos”, traducible como mecánica o máquina y que se usa para designar a un mecanismo que tiene como fin engañar, y las palabras “techné” que viene del griego y significa arte o técnica y su equivalente latino “ars” que también significaría algo así como “volubilidad”, "malicia" o “manipulabilidad”.
Más o menos desde el Renacimiento el campo de la cultura se dividió en dos áreas disciplinares muy diferenciadas: por un lado, la Ciencia, y por otro el Arte. No fue hasta finales del siglo XIX que, con las ramas de la cultura más separadas que nunca en lo que parecía una disputa interminable entre la producción industrial (puesta del lado de la ciencia, la maquinaria, la mecánica) y la producción artesanal (o las piezas únicas, el arte, la belleza) que surge el término diseño, como el lugar donde se encuentran el arte y la técnica.
Flusser sostiene que a pesar de lo bonito de esta definición, la palabra diseño sigue teniendo connotaciones negativas y esto es porque lo que une estos conceptos es el hecho de que todas ellas significan también ardid y malicia.
Y esto es, sostiene Flusser, porque «la cultura a la que el diseño podrá allanarle mejor el camino será aquella que sea consciente de que es embustera». Sin embargo esta afirmación no contiene los acentos negativos que se podría suponer: si bien es cierto que Flusser habla de engaño, lo hace poniendo el ejemplo de la palanca; cómo este instrumento que imita el brazo humano, tan antiguo como el homo sapiens o incluso más, tiene como objeto el de engañar a la gravedad. Este, sostiene, es el diseño que constituye el fundamento de toda cultura: engañar a la naturaleza por medio de la cultura, superar a lo natural por medio de lo artificial.
El autor termina afirmando irónicamente que todo depende del diseño, y es cierto. Nuestro diseño no es el de los ángeles. Los seres humanos tenemos capacidad para ejercer la malicia. Y es en esa malevolencia, que el ensayo observa en nuestra capacidad para mentir, que está gran parte de nuestro potencial creativo. Mentir y fingir son actividades relacionadas con la imaginación, con la capacidad de organizar realidades distintas a las de nuestro presente y de nuestro contexto. Si no pudiéramos mentir, no pudiéramos diseñar. Es lo que hagamos con esa capacidad lo que determinará si enriquecemos el mundo o lo arruinamos.