Me pierdo entre brillo de la luz del día,
te encuentro en la oscuridad de la noche,
te abrazo y beso como si fueras mía
en un acendrado sueño perenne.
Te escucho en cualquiera de los silencios,
te recuerdo siempre en cualquier instante,
te escribo para sentirte por siempre.
Suenas a llamativa voz meliflua,
pareces celestial mujer etérea,
hueles a jardín recién florecido,
sabes a afectivo momento efímero.
Si pides mi mano, te doy mi brazo.
Si pides una estrella, te doy el cielo.
Si pides un día, te doy mi vida.