Trabajo todo el día, vendiendo zapatos y zapatillas, desde la vidriera me miran como si fuese pez, uno de pacotilla. No soy el espécimen raro, por el que hacen fila los domingos, aunque por los precios me siento un dorado en una piscina de grises y oscuros, si saben a lo que me refiero, ese que te venden en la pescadería y no tienen sentimiento alguno por ellos.
A veces vuelo, cuando los días lo permiten, soy la golondrina más vista, esa que tiene alas y ama como si no hubiese un mañana, con los párpados bien abiertos, esquivando aviones y helicópteros y siguiendo las mareas del viento.
¿Qué tiene que hacer un joven niño si no hay pan en la casa, ni asado los domingos?
Correr al viento, esperando que un trocito de una rama lo golpée, como lo hacían aquellos veranos en las plazas del centro.
-(Texto propio)