Fuente: Autor alx-ab
Desconociendo Miami
(Memorias de un cubano)
Después de haber sido programado para odiar Miami llegué a ella. Fueron muchos años de escenas alarmantes, alarmistas: casi catastróficas. Mis maestros y profesores a todos los niveles de enseñanza hablaban de una ciudad colmada de gusanos, apátridas y traidores. Eso también decía la televisión nacional. Y como era un estudiante aún crédulo, crecí pensando en la ciudad sucia, despreciable, errante y vagabunda. Quedaban pocos indicios que hablaran de otra cosa, por lo que asumí esa verdad como absoluta. Así sucedía con todo lo verdaderamente cubano: era irrebatible e incuestionable.
Yo conozco una ciudad diferente. Es una ciudad más viva, más alegre; a la que los más viejos y los que crecieron en ella llaman “el pueblo”. Los gusanos resultaron ser constructores, urbanizadores y gente de bien que habían sido despojados de su Tierra. Son personas que recrearon en este rincón de la Florida una Cuba inexistente ya. Ellos lograron que en este pedazo de tierra americana yo me acercara y descubriera la Cuba que no vi en las clases de Historia.
Cuando camino por los lugares que una vez me eran desconocidos ya no me siento extraño. Hay barrios donde puedo incluso imaginar mi infancia: la que no fue; con la que juego y recreo en mi mente. Miami tiene una magia que atrapa. Los motivos para decidir amarla son diversos, a veces ni existen concretamente. Se siente un apego, la gratitud por el recibimiento, un consuelo por la acogida. Los sentimientos y los afectos son inexplicables.