Sus amigos lo habían estado haciendo durante mucho tiempo, pero esta era la primera vez que Lea ganó coraje de este siniestro experimento. Incluso decidieron convocar el espíritu de su abuelo, para asegurarle que no escucharía mentiras. Todo el tiempo que su dedo estuvo en la tapa de cartón en movimiento, estuvo temblando como una hoja. Las respuestas a sus preguntas le aseguraron que todo era real, pero no la tranquilizaron. Y cuando la tapa empezó a moverse furiosamente y vio las frases escritas: "¡Corre, Leah, te van a hacer daño! ¡No son tus amigos!” comenzó a reírse histéricamente.
Sus dedos se apretaron y ningún aire llegó a sus pulmones. Con los ojos muy abiertos, Lea miró suplicante a su mejor amigo, que la tenía inmovilizada contra la pared, con las piernas colgando en el aire. Se acercaba el final.
Al amanecer, la madre, despeinada y asustada, irrumpió en el cuarto de los niños por el grito aterrador de su hija. Lea, de trece años, estaba nuevamente teniendo una pesadilla y despertando a todos.
30.04.2023, Kim Jackson