1- Mantén la calma y no alimentes tu ira
Recuerda que cuando una persona está gritando, tú no tienes el problema, lo tienen ellos. Si gritas estás demostrando que tienes unas habilidades de comunicación muy pobres y según cómo reacciones tus hijos harán lo mismo. Lo mejor es mantener la calma aunque estés hirviendo por dentro. No vale la pena alimentar tu ira con gritos porque además estás dañando a tus hijos y tu propia dignidad. Antes gritar, sal de la estancia, respira hondo y vuelve con calma para hablar a tus hijos con un tono de voz tranquilo.
2- Retrocede mentalmente para evaluar la situación
Antes de tomar cualquier medida o castigar a tus hijos de forma desproporcionada, es mejor que hagas una pausa mental para evaluar las cosas. Esto te permitirá saber si realmente esa lucha merece la pena o no. No tienes que intentar ganar siempre porque no es una batalla ni tampoco estás en el equipo contrario de tu hijo, sois el mismo equipo y debes buscar soluciones siempre juntos, no en contra del otro.
3- Si tus hijos gritan, responde con calma
En muchas ocasiones los niños pueden gritar a los padres cuando se sienten frustrados, pero si le respondes de la misma manera estará aprendiendo que realmente la comunicación a gritos es normal y necesaria para una buena comunicación. No es así.
Reaccionar con gritos, críticas u otras respuestas negativas empeorará la situación, debes hacer todo lo que esté a tu alcance para transmitir tus pensamientos y sentimientos, de modo que puedas abordar el problema real, que es el grito. Hazle saber a tu hijo que no aceptarás el grito de ninguna manera, pero tendrás que hacerlo de forma calmada. Si tu hijo tiene un nivel de frustración elevado quizá ni se haya dado cuenta de que está gritando.