Capítulo 1, Capítulo 2, Capítulo 3, Capítulo 4, Capítulo 5, Capítulo 6
Castigo. Un concepto que antes solo conocía en teoría. ¿Por qué castigar a alguien si se apega a las reglas? Cuando las personas no tienen emociones ante las cuales ceder, no hay necesidad de castigarlas. Las cárceles no existen desde hace décadas. Pero puedo imaginar que fueron muy similares a la bodega fría y húmeda en la que estoy encerrada.
Lucifer me arrastró de vuelta al edificio de departamentos. Mis gritos y arremetidas contra él no tuvieron ningún efecto. Yo no era rival para él. Y ahora he estado en este lugar oscuro durante al menos dos días. Nadie me ha visitado o inclusive traído comida. El dolor que siento en mi estómago no se parece a nada de lo que haya experimentado antes.
Sólo quiero morir.
"¿Perséfone?" Es la voz de Eir, amortiguada a través de la puerta de madera. "¿Estás bien?"
"¿Eir?"
"Sí. Lucifer me envió a llevarte arriba. Dijo que ya deberías haber aprendido tu lección." Hace una pausa. "¿Lo hiciste?"
¿Cuál se supone que es la lección? ¿Qué toda resistencia traerá consecuencias violentas? ¿Que él tiene todo el poder y yo no tengo ninguno? ¿Que mi vida no vale nada? ¿Que es mejor que actúe como si fuera un miembro devoto de esta rebelión?
"Sí, aprendí mi lección", respondo. Las llaves suenan y la puerta se abre. Eir es demasiado alta para el marco de esta puerta.
"Ven." Ella me ofrece su mano. "Déjame traerte algo de comida. Luces terrible." Acepto su oferta y juntas subimos las escaleras a su apartamento. No al de Lucifer. La forma en la que me tratan es muy confusa, y pareciera que lo hacen adrede. En un momento, Lucifer es el bueno. Luego es Eir. Luego Lucifer nuevamente. Como si estuvieran tratando de romperme.
Eir me sienta en una silla y comienza a preparar comida. No le presto mucha atención a lo que está haciendo, no me importa. En cambio, miro por la ventana.
Puedo ver la calle fácilmente desde aquí. La falta de gente se hace obvia ahora, me pregunto por qué no lo había notado antes. La ausencia total de peatones, de autos, de cualquier signo de vida debería haberme advertido que algo no estaba bien. Creo que estaba cegada por mis propias emociones.
Eir coloca un plato frente a mí. Hay una tortilla en él. Por alguna razón, el olor me produce náuseas. Pero estoy muerta de hambre, necesito comer, lo sé. Así que agarro mi tenedor y meto la masa amarilla en mi boca. Eugh.
Mastico. Trago. Tomo otro bocado.
"Buena chica", dice Eir con una sonrisa. "Ahora, ¿por qué no me dices por qué te sientes tan infeliz aquí?" Dejo de masticar. ¿No puede simplemente dejarme comer en silencio?
"Extraño mi vida", respondo tan vagamente como sea posible.
"¿Pero por qué? ¿Cómo fue esa vida mejor que la que tienes ahora?” Me meto otro trozo de tortilla en la boca y miro mi plato, negándome a continuar con esta conversación. Eir suspira.
"Eres una obstinada, ¿sabes? No había tenido a alguien como tú en mucho tiempo."
"¿Cómo reaccionan los demás entonces?" Pregunto. "No he visto a nadie más que a ti y a Lucifer. Él me dijo que había más, pero aún no los he conocido. ¿Me los están escondiendo? ¿Siquiera existen?”
"¡Por supuesto que existen! Simplemente no están en casa en este momento. Están haciendo su trabajo en la ciudad."
"¿Qué tipo de trabajo?"
"Monitoreando a posibles nuevos miembros. No todos son un objetivo adecuado para el despertar. No todos sobreviven a la reactivación emocional. Necesitamos elegir bien a cada posible recién llegado para evitar muertes innecesarias."
"¿Y qué tan a menudo muere la gente?"
"No tan frecuentemente. Ya no más, al menos."
"Y aquellos que sobreviven, ¿están felices de que los hayas elegido sin pedir su consentimiento?"
Eir pone los ojos en blanco.
"No todos son tan difíciles como tú. De hecho, la mayoría está agradecida de tener la oportunidad de una vida mejor."
"¿Y los que no? ¿Qué hacen con ellos?"
"Pensé que ya habías aprendido tu lección. Con esas preguntas no lo parece.” Eir parece enojada. "Tal vez necesites algunos días más en la bodega." Ella toma el plato y lo aleja de mí. "Creo que tengo que llamar a Lucifer y decirle que necesitas más tiempo para pensar en lo afortunada que eres."
No quiero volver a esa bodega. No quiero que me laven el cerebro hasta que me rompa.
Mis ojos se dirigen a la ventana. 2 o 3 metros. Eso es sobrevivible, aunque improbable, especialmente cuando hay un asfalto sólido esperándome al final de la caída. Pero si tengo mala suerte, solo eliminaré todas las posibilidades de escapar.
La alternativa es no hacer nada y dejar que me moldeen como quieran.
Eso es inaceptable.
Espero hasta que Eir está arrojando la tortilla a la basura, luego me pongo de pie y corro hacia la ventana.
"¿Qué demonios estás haciendo?" grita Eir, pero ya la abrí. El aire frío inunda la habitación y dudo por un momento.
"¡Aléjate de esa ventana!" Pasos detrás de mí. Eir viene a sujetarme. Ahora o nunca.
Yo salto.