¿Por qué, por qué tenían que tomar un avión? Bien, técnicamente no solo uno, eran varios aviones estilo militar los que estaban transportando a todo el ejército humano sobre el Océano Atlántico, hacia el enemigo. Pero eso no cambiaba el hecho de que Tristan odiaba volar, con una pasión ardiente. Cada vez que pensaba en el hecho de que un gran porcentaje de la humanidad había dejado el planeta volando hacia Marte...
No hubiese abordado ese avión de haber podido evitarlo. Nunca imaginó sus pies dejando el suelo de esa manera. Simplemente estaba mal. Si los motores fallaban, todos morirían.
"¿De dónde sacaste estos aviones?" Le preguntó a Erin para distraerse un poco. "¿Acaso los estaban regalando? ¿Dónde encontraste el combustible?”
"¿Pensabas que pasábamos todo el día secuestrando humanos?" Preguntó Erin riendo. "Estuvimos acumulando recursos por un tiempo. Estos aviones pertenecían al gobierno que ya derrocamos. También tenían una cantidad significativa de reservas de combustible. Siempre es fascinante cuánto queda de algo para uso del gobierno, aun cuando los civiles no lo hayan visto en décadas."
"Bueno, realmente no necesitamos mucho combustible." señaló Tristan. "Ya nadie conduce automóviles. No los necesitamos."
"¿De verdad? ¿Nunca quisiste conectarte a Internet?" Preguntó Erin.
"¿A qué?"
"Como era de esperarse. Ni siquiera sabes lo que has perdido, lo que te han quitado, a ti y a la mayoría de la humanidad. Estaban todos conectados entre ustedes a través de la tecnología. Pero eso los hizo difíciles gobernar, de mantener bajo control. La información se difundía a la velocidad de la luz, era almacenada de maneras que se suponían libres de censura, que se suponía existieran para siempre. Tu clase creó bases de datos de conocimiento, una moneda que los hizo independientes de los cientos de gobiernos que existían en aquel entonces."
"No sabía nada de eso." dijo Tristan. "¿Cómo lo sabes? ¿Es realmente cierto? ¿Y qué pasó entonces?"
"Muchas cosas. Guerras, en todo el mundo. El clima cambió mucho. La élite se fue a Marte y los que no podían pagarlo o no se consideraron lo suficientemente importantes fueron dejados para morir aquí en la tierra. 200 años atrás nadie esperaba que la humanidad sobreviviera. Pero de las cenizas de un planeta moribundo, dos conceptos comenzaron a apoderarse del mundo. Uno hacía de las máquinas sus sirvientes, el otro les dio el poder a las máquinas para controlarlos. Separados por los océanos, no interferían mucho entre ellos."
"Hasta que viniste y derrocaste a uno de ellos."
"Eso es correcto." Erin hizo una pausa, luego levantó una ceja. "Pareces insatisfecho."
"Eso no puede ser." exclamó Tristan. "¡No quiero creer que la humanidad se haya hecho eso a sí misma! ¿Cómo puede alguien ser tan estúpido para dejar que un planeta entero muera?”
"Ignorancia, avaricia, apatía. Elige tu favorito. Algunos intentaron cambiar las cosas, pero fueron silenciados, se rieron de ellos y los expulsaron. ¿Quién crees que terminó en Marte? En un momento dado, simplemente se dieron por vencidos y se fueron."
No había nada que Tristan pudiera decir después de eso. Abatido, miró hacia el suelo. La vibración de las turbinas era una fuente constante de irritación y un recordatorio de que no estaba parado en el sólido suelo desértico al que había estado acostumbrado durante toda su vida.
"Comprobaré si Joy todavía está sedada." dijo, poniéndose de pie.
"Y aun respirando." Erin asintió.
El androide parecía ligeramente preocupado. Y no estaba equivocado. Tristan estaba profundamente descontento con toda la situación.
Su hermana estaba envuelta en mantas, para evitar que se congelara. Ser sedada constantemente durante tantas horas le pasó factura a su pequeño cuerpo. Tubos finos entraban en sus venas desde una bolsa que otro androide estaba sosteniendo. Un androide médico estaba cuidando de Joy y constantemente revisaba sus signos vitales. En teoría, ella estaba en buenas manos.
Solo tenía que confiar en que esta máquina hiciera su trabajo.
A pesar de formar un vínculo con Erin, Tristan no había logrado ver a los otros androides como ninguna otra cosa más que máquinas. AOIA, androide orgánico de inteligencia artificial. Parecía una broma para él. ¿Cómo pueden hacer algo artificial orgánico? ¿Darle vida a un robot? ¿Sentimientos? Era absurdo.
"¿Cómo está ella?" Le preguntó al androide, ocultando con éxito sus sentimientos de desaprobación.
"Sus signos vitales son débiles pero estables, estoy seguro de que seré capaz de mantenerla con vida.”
"Eso es... ¿bueno?"
"Es lo que Erin espera que haga."
"Bien entonces..." El androide médico no hizo un buen trabajo al convencer a Tristan de que no eran solo máquinas sin almas. Por otra parte, probablemente no era su objetivo. Era muy probable que a este androide ni siquiera le gustara Tristan, era un humano después de todo. Y los humanos habían estado explotando a los androides desde el primer día de su creación...
"Tristan, siéntate y ponte tu cinturón de seguridad. Estamos aterrizando" dijo Erin. Tristan se apresuró a cumplir, recordaba muy bien el despegue. Había sido más que un poco rudo.
El avión se inclinó hacia delante, apuntando al suelo. Cuando las ruedas hicieron contacto, Tristan finalmente fue capaz de relajarse. Lentamente, la máquina se detuvo.
"¿Y ahora?" Preguntó a Erin.
"Ahora nos encontraremos con el líder de la resistencia local."
"¿El qué? Cómo... cuando... ¡¿quién?!"
"Este gobierno podrá tener espías en nuestras tierras, pero nosotros tenemos aliados en las suyas. Envié un explorador aquí hace un tiempo. Los encontró, hizo contacto y les aseguró su apoyo."
El avión abrió sus puertas y Tristan salió a la brillante luz del sol, protegiéndose los ojos. Un grupo de humanos estaba de pie a un lado del avión y comenzaron a acercarse en el momento en que lo vieron. Un hombre pecoso con el pelo corto y rojo extendió una mano hacia Tristan.
"Es bueno tenerlos aquí." dijo. "Soy Damon."