La libertad humana es extraña; ya que los humanos definimos nuestra existencia y libertad en cada elección que tomamos.
Pero el ser humano es libre, en la medida de que no lo es; de allí que seamos tan paradójicos los humanos; por que elegimos sobre algo ya dado; de alguna que otra forma.
Así si elijo entre una calle u otra, o entre una persona (bio-psico-social) u otra uno lo esta haciendo en base a algo que ya nos condiciona (la costumbre, el acomodarse a un goce, el miedo, el no saber como actuar, etcétera son ejemplos de condicionantes).
Y como sujetos (sujetados) tendemos a elegir con cierta carga de no libertad que nos condiciona; a pesar que, a priori, podemos tratar de elegir mas allá de dichas condiciones.
Por ello, con cada elección los seres humanos nos enfrentamos a la posibilidad de cambiarlo todo; ya que, en distintas circunstancias, una mera elección puede definir el rumbo de nuestras vidas.
Y es tan así esto; que la incertidumbre, implícita en todo, permite una permeabilidad en el universo, caóticamente estable; que se traduce en producciones, tanto buenas como malas.
Haber elegido una carrera especifica a tiempo, el haber conocido a una persona particular; o el haber actuado bien o mal con un ser querido puede llevar a consecuencias inestables, que pueden cambiar el rumbo de nuestras vidas.
Es por ello, que no solo es una cuestión espacial la elección humana; sino temporal; ya que, al ser los seres humanos seres trascendentales (que podemos proyectar tiempo y espacio, es decir anticiparnos a las cosas, reflexionar, etcétera), el peso de lo que hacemos, hicimos, y haremos siempre estará presente.
Pero el ser libres nos exige una responsabilidad ante la cual no sabemos actuar; ya que el peso de nuestra cárcel, de nuestro grado de sujetos al goce nos lleva a la irremediable costumbre de no haber aprendido a elegir la vida; a superar vanidades superfluas; o a aprender a comunicarnos con otras personas.
La incertidumbre pesa en el corazón humano, como pesan las hojas de un árbol con el tiempo; por que en cada acto pesa la responsabilidad de una vida efímera, que no volverá jamás.
Y lo paradójico del humano es que es su misma capacidad trascendental la que lo puede llevar a elegir mal; ya que del lenguaje se desprende dicha posibilidad.
Es decir, el lenguaje no da garantía de saber haber elegido bien. Aunque a fin de cuenta la importancia este en el goce.
Por que no es que uno elija tan libremente; siendo que muchas veces el acomodarse a un goce( por ejemplo gozar poco) es la elección de personas que sufrieron emocionalmente; ya que la sola posibilidad de un goce desmedido se suele tratar de evitar de raíz; por ejemplo el amar puede sentirse desbordante, debilitante, y no solo para las mujeres, los hombres también suelen( generalmente tras haber sufrido emocionalmente por alguien) evitar un sentimiento como el amor; ya que se suele sentir como debilitante; de hecho alguien que sufrio emocionalmente se puede llegar a sentir muy vulnerable ante otra persona.
Hay que reconocer que el amor no es algo propio de una mujer sentimental, y algo ajeno al hombre-logos-racional; siendo que no existe dicho logos u hombre racional; siendo ambos géneros igual de irracionales.
Por su parte, el precio de esta postura emocional es la insatisfacción, o infelicidad; ya que el amor no es un producto cultural, sino mas bien un estado gozoso pleno; que se produce por aspectos que son mas del orden de la fantasía, que de lo racional; en donde importa la palabra; pero la profunda palabra; es decir la calidez del sentimiento.
En el amor no importa la ley; sino la comprensión del goce del otro. Saber escuchar y escucharse, saber reconocer al otro como sujeto, y a uno mismo; pues la pasión, cuando se habla del amor es una compasión; es decir una pasión en conjunto; siendo que no es algo egoísta, sino que llama, y viene siempre desde ese otro; productor de una palabra sentida, mas que dicha.
Por contraposición, la pasión egoísta es superficial, es un goce estético; que no tiene profundidad, sino superficialidad; en donde el otro es un sostén de la propia imagen que se asume con desesperación.
Se sostiene una personalidad; pero superficialmente, de imagen; pero vacía; en donde las palabras son vacías.
De allí la necesidad de lo profundo detrás de toda vida humana; una necesidad que más que necesidad es una cuestión de fe, o deseo.
Por que la afirmación de la vida solo lo puede dar un trasfondo espiritual; siendo que el lenguaje por si mismo solo remite a la muerte, a una ausencia de vida que se demanda tener en un real.
Y la vida, como un real irreductible, insiste; y esta en uno el tratar de elegirla; eligiendo entre lo profundo, y lo superficial.
Siendo que el problema siempre será lo real; aquello que insiste y no sabemos como abordarlo; mas que con el precio de lo sintomático que es ser un sujeto al goce humano.