Respiración agitada, jadeos, y sigo corriendo. No sé qué me pasó, no sé cómo terminé así bajo la lluvia. Iba caminando con calma por las calles de este hermoso país, recordando los momentos más memorables de mi vida junto a mi familia. Y de repente recordé que ya no estaban, se habían ido para hacer una vida, una en la que me excluyeron por completo. La soledad se volvió una sombra que me acompañaba, susurrándome al oído las palabras de ellos al despedirse de mí en el aeropuerto. “Regresaremos pronto” dijeron, “vendremos por ti”
Pero todo era mentira.
Los días me parecían tan aburridos. ¿Y cómo no si reía gracias a sus ocurrencias? Siempre tenían algo nuevo con qué alegrarle el corazón a uno, tan bonito y reconfortante que hasta el más grande de los problemas parecía tener una solución sencilla. Las risas adornaban las paredes, las tardes lluviosas como esa eran sinónimo de un buen café acompañado de historias y anécdotas graciosas; algunas veces un maratón de películas resultaba lo ideal. Las noches en las que abundaba la comida se reunían y hacían locuras con ella, las mejores invenciones culinarias que surgían de aquellos momentos eran todo un tema del que hablar en el futuro. Las navidades eran los días más alegres, venían y colaboraban para la cena de nochebuena y todos los treinta y uno nos abrazábamos para recibir el año nuevo. Sí, la casa de mi tía en dónde se reunía toda la familia siempre fue así de animada, de alegre.
Ya de aquellos días sólo puedo saborear el recuerdo. Ahora nada más queda el dolor en el pecho, el mal sabor y el perenne deseo de que todo regresase a como era antes. Lanzo un alarido lastimero bajo la lluvia, como un animal herido que pide ayuda. Las gotas no se compadecen de mí, se vuelven más impetuosas con el pasar de los minutos y yo no me muevo, no quiero hacerlo. Dejo que la tristeza emane, aprovecho de llorar todo lo que puedo, pues mañana será otro día al que deberé sobrevivir sola. Debo dejar que todo fluya, tal como decía mi mamá. Dejar que aquella congoja se fuera con la tempestad que acaecía para poder volver a la cotidianidad de mi vida, y soñar con el día de verlos otra vez y decirles con una sonrisa lo mucho que les extrañé.