Cuando había que ir a Barquisimeto (A casa de la abuela Carmen Amada), Virginia Caldera me paraba tempranito; ya que el viejo ferrocarril llegaba (de Puerto Cabello) a la estación de la calle siete (en Morón del Conuco), a las 6:00 a.m. y salía a recorrer los pueblos de Urama, Alpargaton, San Felipe, Chivacoa y Santa Rosa, antes de llegar a nuestro destino. Desde que tenía cinco años, la abuela solía llevarme como acompañante. Agarrábamos una bolsita con pan relleno de mortadela de tapara y un pequeño filtro con agua, para el camino. Eran tres horas de paisaje, de árboles y más árboles, de ensimismamiento con el viento despeinándome; ya que la abuela me sentaba en la ventanilla – y si me portaba bien, dejaba que me parara en el asiento, para sacar la cara y poder ver más allá…- Desde entonces, he amado a las ventanas y a los árboles.
Amanda Reverón
2011-2012