Esta es mi participación de esta semana en: #fotocuento motivado por . El relato está inspirado en la imagen principal, que es de su propiedad.Si desean participar acudan al siguiente:
Estaba soñando, dormía en mi carpa a la orilla de aquella hermosa playa, mi madre acababa de morir y la familia dispuso viajar para ayudar en el proceso de duelo, solo habían transcurrido tres meses y el dolor de la ausencia me agobiaba.
Meses atrás mi mamá me había estado preparando para su partida, no sé si lo sabia, no sé si lo presentía, solo sé que pasaba horas dándome instrucciones sobre cada cosa que debía hacer cuando ella partiera. En uno de esos momentos e intentando desviar el tema que me acongojaba, le dije: está bien, quieres irte vete, pero promete que si los muertos pueden volver vas a venir, vas a permitir que te vea aunque sea de lejos, mi madre calló y entre dientes murmuró a los pocos segundos: los muertos no regresan.
Antes de quedarme dormida vi esos veleros navegar apacibles, así cerré mis ojos. En mi sueño observé cómo me ahogaba, como mi pie derecho se enredó con algo en el fondo que me succionaba, movía mis brazos intentando mantenerme a flote, comencé a gritar pidiendo ayuda. Grité fuerte: ¡mami, mami!. De pronto un velero estaba a mi lado y el capitán timón en mano, era mi madre. No puedo llevarte, debes salir de allí sola, recuerda lo que te enseñé, calma, respira, mira tu imagen en el agua.
Incliné mi cabeza y así pude ver mi rostro reflejado, no el de ahora, no el actual, era mi rostro de niña sonriente, jugando. Cuando iba a quedarme sin fuerzas, la voz de mi madre desde el velero me dijo: esa niña que amo y que vive en ti, merece que salgas, no me llames, déjame navegar en paz, hazlo hija.
Con mucha fuerza, deslicé la pierna y la levanté con energía, me solté, respiré y nadé hasta la orilla; allí a salvo lloré desconsoladamente. Fue en ese momento que abrí mis ojos y desperté. Dado mi sueño intranquilo mi esposo y mi hijo estaban contemplándome, secaron una lagrima que discurrió por mi mejilla, voltee mi vista hacia la playa, allí continuaban los veleros. Mi hijo preguntó: ¿Madre, todo bien?, le respondí, si, mejor. Les dije : vamos a jugar con la pelota, las naves en el agua le servían de marco al juego, a la risa de mi niña interior que salió del fondo del mar.