Los hermanos que nunca tuve
-Pienso que debemos llevar a Pablo a pasar más tiempo con sus primitos en la finca de la abuela amor, necesita más contacto con otros niños, me preocupa que esté creciendo tan solo. Últimamente le he escuchado hablar con amigos imaginarios, supongo que lo hace para suplantar los que no tiene en la realidad…
-Tonterías. Todos los niños juegan así, no le des más vueltas al asunto y termina de alistarte, vamos tarde.
Como cada martes y jueves, los padres de Pablo iban a dar clases nocturnas en un centro educativo y Pablito, ya con 11 años, los esperaba en casa mirando televisión.
Pablo se sentía feliz cada vez que se iban sus padres, pues así sus amigos podían salir libremente y así podían pasar 3 horas de juegos y canciones. Nadie podía saber que un pequeño duendecillo y una hada solían visitarlo. Le dijeron que preferían que guardara el secreto, pues querían conservar la pureza de su mundo de fantasía el mayor tiempo posible.
Lo que no sabía Pablo, es que esa noche de luna llena se cumpliría el tiempo necesario para que el ritual surtiera efecto.
Los visitantes habían ubicado al niño por una razón: necesitaban a un pequeño solitario que se uniera a ellos, que cuando lograra sentirlos y quererlos como los hermanos que no tuvo, en ese momento, pasara a ser uno de ellos y poder jugar en la eternidad.
-¿Nos quieres Pablito? Preguntó la hada mientras fijaba su mirada en la del niño.
-¡Por supuesto! Uds han cambiado mi vida, vivo esperando para poder jugar con uds como quiero. ¡Vamos! ¡Aprovechemos el tiempo!
-¿Quieres que juguemos por siempre Pablito? Esta vez, fue el duendecillo el que preguntó.
-¡Claro! Contestó el niño sin dejar de moverse buscando una pelota para empezar la diversión.
-¿Nos quieres como tus amigos o más que eso? Inquirió el hada, cambiando su expresión.
-Los quiero como los hermanos que nunca tuve hadita. Contestó Pablito con una amplia sonrisa.
Esa madrugada se propagó la noticia sobre la búsqueda de un pequeño de 11 años que había desaparecido. Todas las autoridades estaban abocadas a la misión de encontrarlo. Su madre sólo lloraba desconsoladamente en la habitación de su hijo. Lloraba sintiéndose atraída por un duende de fieltro que no recordaba haberle comprado a su hijo y que se encontraba entre sus juguetes.

Esta es mi entrada para el concurso #fotocuento de en la semana 6.
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