Cada quien estaba en su mundo, el encerrado tras una reja en un pequeño patio solo sin nadie que lo atendiera y le diera cariño , y yo con un mundo amplio tan abierto y libre, pero donde la soledad se sentía a un mas, cada tarde de vuelta a casa llegaba a saludarle y tal vez contarle lo que en el día acontecía, me hacía compañía y yo le hacía compañía.
Un día llegaba a compartir mi merienda con Bravito y su mirada me cautivaba desde el otro lado de la calle, estaba libre y feliz fuera de su reja y yo también era feliz podríamos acompañarnos a caminar , o perseguir palomas en la plaza.
Al intentar cruzar la calle, Bravito dió un paso adelante y aturdido por la cantidad de carros que por alli pasaban, no logró llegar a la otra acera.
Su mirada hoy es lo que recuerdo, su movimiento alegre de cola, me queda de aprendizaje que la Libertad no siempre nos dará la felicidad.
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