De usar y tirar
He pasado toda una vida dedicado al servicio… sí, yo antes era un perro policía. Recuerdo cuando aún joven entrenaba en la academia de adiestramiento junto con otros de mi especie; aunque no necesariamente de mi misma raza. Fueron tiempos felices, llevábamos a cabo cada día todo tipo de pruebas: resistencia, búsqueda, alerta… Nuestra alimentación era equilibrada, nos despertábamos siempre temprano con los primeros rayos de sol del alba y lo pasábamos genial.
Fue allí donde conocí a Guillermo, mi compañero en el cuerpo. Nos hicimos, con los años, los mejores amigos. Yo cubría sus espaldas y el las mías. No había nada que no me atreviera a hacer. Ningún peligro que no combatiera, pues Guillermo me acompañaba. Compartimos mis mejores años, siempre juntos, en la patrulla y en casa. Recuerdo que una vez encontré algo de esa yerba verde y olorosa que me enseñaron a rastrear en la habitación de su hijo Lucas y alerté a mi buen amigo. Se armó una buena bronca… después de eso, Lucas no volvió a tratarme de la misma manera. Mis mejores años, esos fueron.
Luego, con el tiempo, mi vista y olfato fueron perdiendo fuerza, ya no era el mismo. Bueno, sí que lo era, sigo siéndolo de hecho; aunque mis facultades sí que menguaron. Había dedicado toda mi vida, todo mi esfuerzo a cumplir con el deber aprendido. Pero, un buen día, me desecharon. Ya no servía.
Nunca olvidaré la cara de Guillermo. Estaba serio y medio ausente. No dijo nada, solo me trajo a este lugar, me dejó aquí y se fue. Hay muchos otros perros, algunos fueron compañeros, otros no. Otros han vivido vidas difíciles, o vidas felices hasta que de repente se vieron solos. “La perrera”, le llaman. A veces oigo a los humanos de aquí hablar sobre nosotros, nos buscan nuevas familias que quieran adoptarnos y, si no encuentran, nos llevan a la enfermería. Nunca vi volver a ningún perro de allí.
Ayer oí como hablaban sobre mí, decían que ya era viejo, que era muy difícil, que seguramente no encontrarían a nadie para mí. Hoy han venido a por mí, me llevan a la enfermería. La chica ha ido a buscar las llaves de la reja y yo espero. Parado sobre la tierra húmeda, mirando al cielo y pensando en Guillermo… ¿por qué me trajiste aquí, por qué no pude quedarme en casa contigo como siempre? Aun cuando ya no pudiera ser policía… ¿fue por lo de Lucas?
Fotografía cortesía de , para el concurso.
Nuestras mascotas nos aman sin duda mucho más de lo que nosotros llegaremos a amarlas nunca, por mucho que las amemos. Es algo que sé, algo que vi en los ojos de mi gatita Parramiau antes de que se marchara a las nubes... ¡Amemos siempre a nuestras mascotas con toda nuestra fuerza, hasta su último día!
De usar y tirar es un cuento corto que he escrito con motivo del concurso #fotocuento que organiza la autora de la fotografía. Si tú también quieres participar, aquí encontrarás las bases. Ánimo, aún queda tiempo. ;)
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