"Big Brother", mural en Belfast de (en Geograph) - Atribución: Albert Brigge - Imagen para libre uso comercial, bajo licencia CC2.0
Este breve texto no se refiere a Orwell o a su obra, aunque los saluda tímidamente a ambos. Se trata de recordar cómo el odio nos trajo hasta aquí, supervisado constante y eficazmente por el opresor. Y de cómo podemos convertirnos en aquello que alguna vez odiamos.
En su Genealogía de la moral, Nietzsche argumenta que el cristianismo está lleno de odio porque es la religión de los oprimidos. Aquel que es oprimido acumula odio contra su opresor. Revisa lo que vendría siendo una especie de función psicológica del infierno, como una promesa de venganza contra ese opresor.
Nietzche también dijo que atacamos a los otros no simplemente para lastimarlos, sino también, quizás, para constatar nuestra propia fuerza.
Cuando los oprimidos se hacen fuertes y se atreven a atacar, solo podemos confiar en la ética que se haya cultivado en estos para saber cuándo parar, para reconocerse a sí mismos como el opresor.
El difunto Chávez, esa miasma que salió de los intestinos enfermos de un país ofuscado hace veinte años, dijo: “La mejor defensa es el ataque. La humanidad tiene que ir a la ofensiva”. Cuánto odio había en su edicto y cómo se ha fortalecido con los años.
• Un hecho: los venezolanos afectos a la dictadura madurista (y anteriormente a la chavista) jamás han dejado de saberse oprimidos, solo que no logran ver en los criminales a quienes juran lealtad a su más relevante opresor, por ser el más directo.
Sin duda, la narco-dictadura venezolana está tan llena de odio y todos sus actores tan conscientes de su falta de méritos para gobernar, que seguirán apretando los puños hasta después de muertos.
Y por último, no olvidemos lo mucho que el chavismo se parece a la fe cristiana, salvando la gigante distancia.

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