
Caminaba Alberto bajo la luz de la luna, el camino sinuoso no dejaba mucho para ver aunque Alberto ya lo conocía perfectamente, Pipo el perro fiel de Alberto marcaba el ritmo de ambos pues trotaba olisqueando por doquier alerta ante cualquier amenaza o bien una presa para cazar.
Eran ya casi las doce de la noche, la noche encapotaba el cielo y las estrellas decidieron no salir aunque la luna brillaba con esplendor en el firmamento, con la luz de esta Alberto podía ver por donde caminaba. Si bien el camino ya le era conocido había algo en la noche que lo intranquilizaba, no sabía bien de que se trataba, sentía que lo observaban desde los matorrales y el rumor de los árboles mecidos por la brisa no le tranquilizaban, todo lo contrario.
-Vamos Pipo no te demores, apura el paso.
El perro se había detenido, al parecer algo llamaba su atención, sus orejas se levantaron y la cola iba de lado, daba la sensación de que tenía algo a la vista, al verlo más de cerca Alberto también se puso alerta y observaba donde lo hacía su perro pero no veía mas que monte así que decidió no hacerle caso y siguió, siempre volteando atrás buscando a Pipo.
-¡Que perro más necio! ¡Pipo! ¿Que tanto miras?
Molesto Alberto da media vuelta y regresa por Pipo, el miedo de hace un momento se intensificaba con cada paso y su corazón daba fuertes tumbos, cada ruido lo ponía mas nervioso y observaba a todas partes sin saber exactamente que buscaba.
Al llegar con Pipo el miedo ya era mayor, empezó a sudar y cada movimiento le exacerbaba aun más los nervios. Buscó nuevamente lo que a Pipo exaltaba pero sin menor resultado, cuando ya estaba a punto de seguir en el camino el perro comenzó a ladrar y en seguida Alberto se buscó en el bolsillo su inseparable navaja, presa del miedo veía a todos lados buscando la amenaza pero no la encontraba por ningún lado.
-¡Ataca Pipo, ataca!
Arreciaba ordenes al perro pero este no hacía mas que ladrar, el pánico comenzaba a desmoronarlo y fue al lado de Pipo buscando seguridad de rebaño, cual manso borrego, se acercó al monte para ver si algo encontraba, una serpiente tal vez, pero lo que vio fue algo peor, en el suelo se perfilaba una tremenda sombra, su dueño tenía que medir al menos dos metros de alto y sus extremidades asemejaban a largas enredaderas, no se movía, parecía tenerlo cerca pero no lo encontraba, Alberto daba vueltas y gritaba animando a su temerario enemigo a mostrarse, a los gritos de Alberto le seguían los ladridos de Pipo que parecía percibir el horror en Alberto.
-¡Sal de ahí condenado! No te escondas.
En eso siguió Alberto hasta que reparó en la palma que había mas allá del matorral, por un momento creyó que detrás de ella se escondía su adversario pero luego se dio cuenta que la inmensa sombra que le aterrorizaba provenía de la palma y no de un ingente enemigo como antes pensó. Sintió vergüenza de si mismo y decidió seguir su camino, deseaba llegar a casa pues el susto que se llevó más la faena del día le habían agotado.
-Vamos perro loco que ya es tarde, ahí lo único que hay son las sombras de nuestras conciencias que no nos dejan tranquilos...
Pipo ceso de ladrar y como si nada hubiese pasado se encaminó junto a su amo que avergonzado se reía de sus alocados temores.
Si quieres participar te invito a dar click en la siguiente imagen:
Muchas gracias por leer mi post. Espero que lo disfruten
No olviden leer y comentar
Separador de extos obtenido de: Fov.com