Esto no lo compré, no es mi cosecha, pero durante los últimos meses he estado trabajando fuertemente mis creencias sobre el merecimiento y la prosperidad.
Y te preguntarás, ¿pero qué tiene que ver las nalgas con las pestañas, mujer?
¡Ya te explico!
Hace unos meses nos mudamos a una localidad algo alejada de las urbes, sin comercios, sin abastos, sin mercados inmediatamente cerca, en cambio, hay terrenos inmensos, campiñas fértiles, jardines extensos y huertas, muchas casas con huertas…
Bueno, muchas casas con huertas menos la mía, que donde está ubicada es solo un gran contra piso de piedra natural y cemento.
Así que…
Lo que ves en las imágenes es un generoso regalo, los vecinos todas las semanas tocan mi puerta para compartirnos de lo que cosechan, una semana es lechuga, otra semana manzanas, después naranjas, en otra ocasión papas, cebollas y así…
Nos comparten lo que van cosechando. Quiero aclarar que sin pedirlo, tampoco insinuarlo, simplemente porque les nace de su corazón.
¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!
Pero ¿qué tiene que ver la generosidad de los vecinos con la prosperidad?
Por aquí vuelan los patos más o menos… 🦆🦆
Una vez escuche “que un verdadero estado de conexión con la prosperidad tenía que ver más con cómo accedías y cómo llegaban las cosas a tu vida, que con el dinero mismo”.
¡Me pareció una locura escuchar esto, por cierto! 🤯
Me costaba entender que el dinero solo es una parte de la prosperidad, pero no lo es todo, me costaba creer que puedes llegar a tener lo que siempre quisiste o lo que necesitas y muchas veces, sin siquiera comprarlo…
Y aunque en el pasado había sido testigo de algún que otro caso donde esta premisa se cumplía, conociendo gente que obtenían cosas increíbles sin poner de su bolsillo un centavo, seguía sin creer que esto fuera verdad o posible para mí.
Seguía sin creerlo porque esto no es ni de cerca lo que nos enseñan desde niños en la mayoría de nuestros hogares, tampoco la sociedad.
Seguía sin asimilarlo porque esas cosas solo le pasan a la “gente afortunada", continuaba sin comprenderlo porque, en el fondo, no me sentía merecedora ni suficiente. A veces simplemente no estás preparado ni te sientes digno de recibir o aceptar aquello que estás pidiendo.
Si lo sé, suena más loco aún… pero pasa y mucho. No es solo pedir, tienes que sentirte en frecuencia y preparado para recibir lo que pides.
Al fin comprendo lo que esa “frase loca” significa, pero para que así fuera, he tenido que sumergirme en un proceso intenso de actualización de mis creencias y programas.
Vengo desde hace muchos meses haciendo el trabajo interno de desprogramar juicios, pensamientos, emociones, sentimientos, recuerdos con respecto al dinero, mi valor, la abundancia y la prosperidad y las creencias del sacrificio.
Las creencias de sacrificio, son las más difíciles de desprogramar, son esas mismas creencias que te tatúan en el alma y te hacen sentir que no eres merecedor de nada si no sudas hasta la última “gota gorda” y te deshidratas, si no te arrancas la piel a latigazos o te clavas en una cruz como Jesucristo. Son las mismas creencias que te hacen pensar que esto o aquello es para otros, pero para ti no, a ti te toca el “camino más largo y empinado” para conseguirlo.
¿Y sí funciona? 🙄
Pues vuelve a mirar a la imagen y dame una respuesta tú. Yo apenas estoy empezando.
No es un trabajo nada fácil, pero te garantizo que vale mucho la pena.
Si llegaste hasta aquí y disfrutaste de esta nota, me encantaría saber tu opinión o si tienes alguna pregunta, estaré encantada de leer tus comentarios.
Y por apoyar mi contenido... Siempre... ¡Gracias, gracias, gracias!
𝓕𝓵𝓸𝓻𝓭𝓮𝓵𝔂𝓼