Desnudarse es librarse de todo aquello inorgánico, que no nos pertenece y sólo lo usamos como escudo, como accesorio, como caretas. Mostrar al mundo nuestra verdadera esencia, sin poses. Tal como fuimos creados.
Ser auténticos y frontales no es nada simple. A menudo nos topamos con situaciones en las cuales nos enfrentamos en la disyuntiva ¿Digo lo que realmente pienso o lo que me conviene decir? adaptando quizá, nuestras actitudes en función a lo que dicha circunstancia amerita.
Si hablamos de los estereotipos de bellezas, podemos decir que son creados por la sociedad misma, permitiendo así que las personas sean catalogadas de diferentes maneras según ciertos criterios. Pero por lo general, estos "modelos" son algo idealistas, por lo que el común denominador queda excluido. Allí es cuando surgen, por un lado, el desprecio y desaprobación y por el otro, la depresión y poca autoestima.
Con el pasar de los años, nos damos cuenta que la vida es tan efímera y veloz que los prejuicios sociales y las etiquetas son totalmente absurdas. Tratar de agradar a todo el mundo es una tarea imposible de lograr, es desgastante y definitivamente algo inútil.
Lo esencial y liberador es ir por la calle del medio, con nuestra esencia y presencia genuina. Vivir sin filtros, intentando disfrutar de todo y nada, aprovechando al máximo el tiempo.
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Foto:Lecturapolis.com