Antes de Edwin Hubble, los astrónomos no podían calcular la edad del universo, tampoco estaban seguros de que hubiera algo más allá de la Vía Láctea, pero en 1924, Hubble descubrió que si lo había(hay en realidad, miles de millones de galaxias), y no se detuvo ahí, a fines de la década de 1950, demostró la expansión del universo y la posibilidad de conocer su edad, descubrió que las galaxias se alejan unas de otras a velocidades proporcionales a la distancia. Si sabemos con qué rapidez se alejan las galaxias de la nuestra y su distancia, podemos determinar el ritmo de tal expansión, conocido como constante de Hubble, y es posible calcular la edad del universo, pero ha sido difícil obtener una cifra confiable para la constante.
Medir la velocidad es relativamente fácil, con el espectro de luz de una galaxia, cuanto más corrida se encuentra la luz de la galaxia hacia el extremo rojo del espectro, tanto más rápidamente se aleja de nosotros, pero medir la distancia es difícil, tanto así que en la medición de su propia constante Hubble erró por un factor de casi diez. En los noventa, apareció un segundo Hubble, el Telescopio Espacial Hubble introdujo datos cruciales en la ecuación de Hubble, en la galaxia M100, los astrónomos hallaron 52 variables cefeidas, estrellas jóvenes que pulsan a ritmos que se correlacionan con su brillantez.