En el post anterior dejamos nuestra presentación de Baudelaire en el apunte acerca de su concepción general de la poesía. La retomamos para continuar.
- Para Baudelaire la poesía se comunica por medio de la imagen, idea sumamente relevante. Por tanto, la palabra poética es subjetiva y abierta, y, como tal, suscita la pluralidad de significados (polisemia). Esta es la base de la contribución fundamental de Baudelaire al Simbolismo y, tal vez, a la poesía en general: el lenguaje de la poesía debe sugerir, no denominar o denotar; su carácter es indirecto, tanto en la emoción como en la idea. Esta concepción está condensada en el recurso del símbolo, y en la asunción de la música, no tanto en su uso sensual, sino, según precisa Balakian, "considerada como una forma (…) que activa la mente más para sugerir que para dictar conceptos y visiones".
"El poema se convierte en un enigma", expresa en algún momento Baudelaire. La condición de multiplicidad significativa que adquiere la palabra poética conforma ese misterio. No hay nunca la comprensión definitiva y exclusiva del poema, sino que la significación permanece en la ambigüedad, como en las visiones de los sueños.
- Pasamos así a la concepción del proceso poético según Baudelaire. Su entendimiento de dicho proceso, uno de los más certeros dentro de los conocidos, puede resumirse así: el estímulo afecta a los sentidos sensoriales; los sentidos influyen en la mente; por la acción de esta son producidas las palabras pero en un estado de vigilia que puede ser considerado como "sobre racional". Así, el poema surgiría como un acto verbal que el poeta no se ha formado de modo absolutamente consciente, pues entran en juego aspectos de una dimensión de la psique no controladas completamente.
- Lo que lleva al concepto de poeta en nuestro escritor. Desde Homero el poeta había sido considerado un bardo, es decir, un rapsoda, capaz de cantar y contar -en el sentido épico- los acontecimientos míticos e históricos y enaltecer la condición humana. Con Baudelaire se produce un cambio fundamental en el concepto y función del poeta: en primer lugar, el proceso de transmutación de la realidad que implica el acto poético hará descubrir en el poeta su "propia divinidad" (facultad de creación); en segundo lugar, la actividad poética será, más que emocional, un ejercicio intelectual. Como añade Balakian, desde esa labor de percepción e interpretación, "el poeta se siente inclinado a descifrar, más que a transmitir o comunicar, el enigma de la vida". De allí la imagen del poeta como trabajador de ensueños, de visionario o vidente (retomada por Rimbaud luego).
Leemos en su poema "Sueño parisino" la estrofa:
Arquitecto de mis maravillas,
hacía, a mi voluntad,
bajo su túnel de pedrería
pasar un océano domado
Luego de las consideraciones a temas generales de la concepción de Baudelaire, pasemos ahora a tratar aspectos específicos caracterizadores de su obra literaria (ver también aquí). Nos centraremos en cuatro fundamentales.
* Analogía e ironía
La analogía se podría sintetizar en el principio: Todo se corresponde, pues todo es ritmo, de allí que también se le denomine correspondencia universal. Es un asunto de raíz filosófica y religiosa (sobre todo, mística) tan antiguo como la cultura humana. Además de estar presente en las grandes civilizaciones iniciales, luego puede hallarse en el platonismo y el plotinismo, se extiende en el mundo medieval, se conserva en sectas del Renacimiento y de los siglos XVII y XVIII (cabalistas, gnósticos, ocultistas, herméticos), hasta resucitar en el Romanticismo. Será central en el pensamiento de autores como Swedenborg y Fourier, cuyas ideas potenciarán las visiones de poetas románticos, hasta llegar a Baudelaire.
La analogía es centro de la poética de Baudelaire. Octavio Paz, quien la estudió, señala que se expresa en dos ideas: una, concebir el universo como un lenguaje en continuo movimiento. El universo es un conjunto de signos que nos hablan, pero no conforman un texto único y que están en constante transformación. Una cita del ensayo de Baudelaire sobre el compositor Richard Wagner lo ilustra:
No es sorprendente que la verdadera música sugiera ideas análogas en cerebros diferentes; lo sorprendente sería que el sonido no sugiriese el color, que los colores no pudiesen dar la idea de una melodía y que sonidos y colores no pudiesen traducir ideas; las cosas se han expresado siempre por una analogía recíproca, desde el día en que Dios profirió al mundo como una indivisible y compleja totalidad.
La segunda idea relevante deducida de la visión analógica de Baudelaire es que, si el universo es una escritura cifrada, el poeta –como ya indicamos- es un descifrador, un traductor. Paz lo expresa con una belleza verbal particular:
Cada poema es una lectura de la realidad; esa lectura es una traducción; esa traducción es una escritura. (…) El poema es el doble del universo: una escritura secreta, un espacio cubierto de jeroglíficos. Escribir un poema es descifrar al universo solo para cifrarlo de nuevo.
Su poema titulado precisamente “Correspondencias”, de su libro Las Flores del Mal, es emblemático de esa concepción, que copiamos a continuación:
La Naturaleza es un templo donde vivos pilares
dejan, a veces, brotar confusas palabras;
El hombre lo recorre a través de bosques de símbolos
que lo observan con ojos familiares.
Como prolongados ecos que de lejos se confunden
en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la noche y como la claridad,
los perfumes, los colores y los sonidos se responden.
Hay perfumes frescos como carnes de niños,
dulces como los oboes, verdes como las praderas,
y otros, corrompidos, ricos y triunfantes,
que tienen la expansión de cosas infinitas,
como el ámbar, el almizcle, el áloe y el incienso,
que cantan los transportes del espíritu y de los sentidos.
El conocido soneto de Baudelaire, aunque algunas interpretaciones le han dado un carácter metafísico, en realidad, expresa una visión terrena de la analogía. No es tanto la relación de la visión interior con lo divino extraterrenal, como la correlación entre la realidad interior y la exterior, entre lo subjetivo y lo objetivo.
Más allá de la belleza trascendente de sus primeros versos –"La Naturaleza es un templo (…)", "el hombre lo recorre a través de bosques de símbolos"–, debemos prestar atención a los versos posteriores donde se hace efectiva la sinestesia, el encuentro de las experiencias sensoriales (olores, sensaciones táctiles, sonidos, colores, etc.) con la subjetividad. Esta asociación sinestésica fundamental está expresada en el último verso: "teniendo la expansión de las cosas infinitas, / (…) / que cantan los transportes del espíritu y de los sentidos".
Ahora, la visión analógica en Baudelaire se apareja contradictoriamente con la ironía, que expresa la conciencia rebelde y, a la vez, melancólica del poeta. En la ironía se manifiesta la conciencia de la diferencia, de lo extraño, de lo grotesco, de la separación, de lo humano sometido a los efectos de lo histórico, y, así mismo, es conciencia del pecado y de la muerte. La ironía será quizás la más alta expresión de la pasión crítica, que para Octavio Paz es inherente a la modernidad, de lo que será muy consciente Baudelaire.
Ilustración de esa ironía la podemos hallar, por ejemplo, en el poema "Una carroña" (también de Las Flores del Mal), que por ser un poema extenso solo copiaremos y comentaremos sus tres primeras estrofas.
Recuerda, alma mía, el objeto que vimos
en esta dulce mañana de verano:
en una curva del camino una carroña infame reclinada
en una cama sembrada de piedras;
Sus piernas al aire, como una mujer lasciva,
ardiente y sudando venenos,
abría de forma indolente y cínica
su vientre lleno de exhalaciones.
El sol brillaba sobre esta podredumbre
como para cocinarlo a la perfección,
y devolver así el doble a la gran Naturaleza
de todo lo que ella había unido.
Aparte de tener como motivo un objeto que la preceptiva tendría como poco poético: un cadáver en descomposición de una perra, en las primeras estrofas del poema se evidencia la visión irónica al mezclar la percepción de la corrupción con un cierto enaltecimiento de esta y la belleza de la mañana y una sensualidad cercana al erotismo. En las tres últimas estrofas del poema, el hablante, volviendo a apelar a su amada o a sí mismo ("alma mía"), le encarará que ese será su destino, la putrefacción que supone la muerte. Sin embargo, esta es una posible interpretación, pues la ambigüedad de la palabra poética puede dar lugar a otras.
Referencias bibliográficas
Balakian, Anna (1969) El Movimiento Simbolista, España: Eidt. Guadarrama.
Baudelaire, Charles (1973). Las Flores del Mal / Los Paraísos artificiales / El Spleen de París. España: Edit. Bruguera.
Baudelaire, Charles (1979). Poesía completa (7ª edición). España: Libros Río Nuevo.
Baudelaire, Charles (1999). Salones y otros escritos sobre arte (2ª edición). España: Edit. Visor.
Compagnon, Antoine (1993). Las cinco paradojas de la modernidad. Venezuela: Monte Ávila.
Friedrich, Hugo (1974). Estructura de la lírica moderna. España: Edit. Seix Barral.
Raymond, Marcel (1983). De Baudelaire al surrealismo. España: Fondo de Cultura Económica.
Todó, Lluís (1987). El Simbolismo. España: Edit. Montesinos.
Paz, Octavio (1985). Los hijos del limo. Colombia: Edit. La Oveja Negra.
Quedan pendientes otros aspectos, que trataré en una tercera y última entrega. Hasta luego. Gracias por su atención.
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Modernidad literaria, Romanticismo alemán , Romanticismo ingles I, Romanticismo inglés II, Romanticismo francés I y Romanticismo francés II, Realismo literario I, Realismo II, Realismo literario III, Parnasianismo I, Parnasianismo II, Edgar Allan Poe I, Edgar Allan Poe II, Edgar Allan Poe III, Walt Whitman I, Walt Whitman II, Simbolismo I, Simbolismo II, Decadentismo I, Decadentismo II, Baudelaire I.