HABLAR BIEN EN PÚBLICO
Hablar bien en público es una gran responsabilidad. No importa a cuántas personas te dirijas: veinte o veinticinco personas en una conferencia, en un grupo familiar, en un aula de clase, etc. Hablar bien en público requiere cierta turbación, cierto esfuerzo, cierta excitación. No es fácil. Hay que internalizarce en pensamiento antes de empezar.
Hay que comportarse como aquellos buenos caballos de carrera cuando están en plena pista. Una vez que se empieza no queda otra que demostrar el pedigrí.
Básicamente se necesitan cuatro cosas:
1. COMENZAR CON DESEO VIVO Y TENAZ.
Ninguna otra ocupación desarrollará en nosotros mayor capacidad de mando, ni con mayor rapidez, que esta de la oratoria.
Debemos empezar con deseo, con fuerza, con garra. Empezar con desgano sería perder la primera batalla antes de iniciar una guerra. Debemos transmitir esa energía arrolladora que potencialmente llevamos por dentro y que vamos a desarrollar. Si ponemos empeño persistente en lograr nuestro fin, y lo hacemos con la misma energía de un adolescente enamorado, entonces nada en el mundo podrá derrotarnos.
El orador o expositor debe empezar con energía, debe empezar con fuerza al momento de iniciar su exposición. Solo imaginemos a una persona parada frente a nosotros con una actitud floja y sin ganas. Seria todo un desatre y ya estariamos perdiendo la atención del auditorio.
Hay que poner empeño en alcanzar el objetivo planteado y se debe mostrar al público la mejor disposición y el mejor aspecto físico de nosotros.
Lo podriamos comparar con la fiera que persigue a su presa hasta dominarla y quedar satisfecho por haber alcanzado con tenacidad, valentía y adrenalina el objetivo planteado.
Hay que recordar que el arte de hablar desarrollará en nosotros una mayor capacidad de mando pudiendo así obtener la capaciad de influenciar a los demás. Esto es extremadamente importante.p>2. SABER BIEN EL TEMA QUE VAS A TRATAR.
Si no has meditado bien el tema del discurso, que lo hayas planeado y que sepas qué vas a decir, no puede el orador sentirse tranquilo cuando se enfrente al auditorio. Es como alguien que dirija una orquesta sin conocer nada de música. En estas circunstancias el orador se sentirá cohibido, arrepentido, avergonzado cuando se descubra su negligencia.
Si me pides un consejo sin duda te daría este: "No hables hasta que estés seguro de que tienes algo que decir, y que sepas qué es; entonces dilo, y luego siéntate".
Si te encuentras muy nervioso antes de empezar, te será muy provechoso para liberarse de esa perturbación, que encuentres algo que hacer delante el auditorio: si puedes mostrar algo, escribir unas palabras y mostrarlas, o señalar un punto sobre el mapa, o mover una mesa, o abrir una ventana, o mover algunos libros y papeles, cualquier movimiento físico, en fin, con una intención velada, puede contribuir a que te sientas cómodo.
3. ACTUAR CON NATURALIDAD Y CONFIANZA EN TI MISMO.
(muy pronto desarrollaré este punto)
4. ENSAYAR, PRACTICAR, TRABAJAR EL TEMA A EXPONER.
(muy pronto desarrollaré este punto)
Rodolfo Ortiz. 4 mayo 2019