La convocatoria de la vigésimo octava edición de Mitzo (bases aquí) trae consideraciones que son un regalo para la reflexión de cualquiera que esté haciendo escritura literaria, y aunque estas consideraciones se refieren a la práctica del haikú, me parecen válidas para afinar los sentidos de la escritura de cualquier género.
Se suele banalizar el discurso en torno al momento presente, el aquí y ahora, pues se tiende a pensar que es una percepción que surge espontáneamente y que no requiere, por tanto, de ningún tipo de entrenamiento. Nada más lejos de la verdad. Y me parece, además, que es una de las disposiciones del ánimo más difíciles de alcanzar, sobre todo para la mentalidad occidental. El problema adicional de transmitir esta disposición a través de la escritura no hace sino volver el asunto más complejo, porque lo convierte, además, en un problema de comunicabilidad ligado a la lengua (y a cierta disposición del espíritu del idioma en el que nos comunicamos, y del cual no podemos sustraernos). Me refiero, para decirlo desde un ejemplo que ilustre mis torpes explicaciones, a que no es el espíritu que anima, por ejemplo, la lengua poética que ejercita Luis de Góngora, y, a su vez, su disposición poética está muy ligada a cierta manera de ejecutar el español en su poesía, con espíritu barroco.
Veamos ese ejemplo con el poema Mientras por competir con tu cabello...:
Mientras por competir con tu cabello Oro bruñido al sol relumbra en vano, Mientras con menosprecio en medio el llano Mira tu blanca frente al lilio bello;Mientras a cada labio, por cogello,
Siguen más ojos que al clavel temprano,
Y mientras triunfa con desdén lozano
Del luciente cristal tu gentil cuello,Goza cuello, cabello, labio y frente,
Antes que lo que fue en tu edad dorada
Oro, lilio, clavel, cristal luciente,No sólo en plata o vïola troncada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
Hermoso, ¿cierto? Y aunque el tema es, precisamente, vivir el presente, su modo de comunicar esta idea no se ajusta al tratamiento del aquí y ahora.
Sin embargo, la disposición al “aquí y ahora” es ejercida, sin perder la fisonomía de su español latinoamericano, por un autor como Octavio Paz, quien dedicó muchos años de su vida al estudio (y ejercicio) de las estéticas literarias orientales.
Veamos un ejemplo de ello, precisamente, en un haiku. A pesar de lo que dicta la preceptiva clásica, Paz titulo su texto Alba:
Sobre la arena: escritura de pájaros. Memoria del viento.
Estar presentes y hacer presente el verbo en la escritura es una aspiración de perfección poética a la que ningún autor debe renunciar, pero que ningún autor debe dar por sentado, como un hecho espontáneo o una derivación fortuita de la escritura. Requiere, por decirlo de algún modo, de una disciplina del alma y de los sentidos.
El texto de banafish para esta ocasión es una joya, todo él, pero destaco este fragmento clarificador para el enriquecimiento de todos:
Escribir un haiku significa deshacerse de mecanismos constructivos y emocionales, abandonar los recuerdos del pasado y las proyecciones hacia el futuro, para prestar una atención plena, desinteresada y sin superestructuras, al momento presente, hasta fundirse con él. En un haiku, el tiempo y el espacio son siempre "aquí y ahora".Una liberación tal, desde el lenguaje, el ánimo y el pensamiento implica un aprendizaje de la percepción y su procesamiento desde otros parámetros, más transparentes, desde los cuales sepamos escuchar a los sentidos en una diáfana singularidad del instante.
Difícil. Pero esa es la tarea. Y la hermosa fotografía de capta, entre otras cosas, un momento presente, el instante en que la abeja se posa en la flor.
Así que ahí vamos:
En la alborada,
Gracias por la compañía. Bienvenidos siempre.


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