La riqueza material, la fama o el prestigio social proporcionan una felicidad relativa. Pero despierta un ansia sin limite. Y bien es posible obtener beneficios mundanos de ese tenor, en ultima instancia su naturaleza es efímera e insustancial. El gozo asociado a ellos puede desaparecer en un instante, por ejemplo cuando comparamos lo que poseemos con los logros de los demás. En muchos casos, cuando estos deseos no brindan la satisfacción que habíamos imaginado, hasta podemos arrepentirnos de haber vivido en pos de ellos. La felicidad relativa por si sola, no permite construir una vida realmente feliz.
En cambio la felicidad absoluta se logra cultivando un estado de vida de abundante sabiduría y fuerza vital, que nos permita superar cualquier tipo de adversidad o de obstáculo; en suma denota un estado espiritual donde la vida, en si misma, es una causa de alegría.
La felicidad real nos colma de sabiduría y bondad!