Ese momento en que tus dedos se detienen sobre el teclado…
No es porque no sepas qué decir. Es porque ya sabes cómo va a reaccionar ella.
¿Cuántas veces has suavizado tus palabras para no provocar otra crítica?
¿Cuántas veces has sentido ese nudo en la garganta mientras te habla, como si volvieras a tener ocho años?
La verdad duele, pero libera: no estás cuidando el vínculo… estás cuidando su poder sobre ti.
Y eso, también es una forma de abandono.
Existe otra forma de estar en la relación:
Una donde tu paz no dependa de su humor.
Una donde decir “no” no te haga sentir culpable.
Una donde la niña que fuiste se sienta segura por fin.
Si estás lista para sanar este patrón, escríbeme “MADRE”
No te voy a dar consejos. Te voy a dar conciencia y herramientas que transforman
Imagen con Canva y editado con Chatgpt