En la situación que se encuentra actualmente Venezuela se nos hace imposible tener esperanza y es que pensamos donde se puede generar un poco de ella si todo es un caos. Pero la esperanza es una decisión, cuando poseemos el tesoro de la esperanza podemos extraer nuestro potencial y fuerza interior, que la cosas externas no nos afecte. Es una llama que nutrimos dentro de nuestro corazón, puede ser provocada por las palabras de aliento de un familiar, amigo o mentor pero debe ser avivada y mantenida ardiendo a través de nuestra propia determinación.
El Mahatma Gandhi condujo la lucha no violenta por la independencia de la India del gobierno colonial británico, logrando el éxito en contra de todas las posibilidades. El era según sus propias palabras, "un optimista indomable". Su esperanza no estaba basada en las circunstancias que surgen y cae según las cosas parezcan estar yendo bien o mal. Más bien estaba basada en una fe inmutable en la humanidad, en la capacidad de cada personas para el bien. El rechazaba absolutamente abandonar su fe en los seres humanos.
La verdadera esperanza se encuentra en comprometernos con metas y sueños vastos, sueños tales como un mundo sin guerra y violencia, un mundo donde todos puedan vivir con dignidad.