Los reinos germánicos.
Después de las invasiones de los pueblos bárbaros en el siglo V d.C., el antiguo Imperio Romano de Occidente, desaparecido en el año 476, quedó fragmentado en numerosos reinos germánicos. Los más importantes y estables fueron el de los francos (en Galia, la actual Francia), el de los anglosajones (en Britania, actual isla de Gran Bretaña) y el de los visigodos (en Hispania, la península Ibérica). Los invasores germánicos eran una minoría que impuso su dominio militar sobre la población romana y autóctona. Con el tiempo adoptaron la lengua latina y la religión cristiana y se fusionaron, con mayor o menor rapidez, con las etnias locales.
Los visigodos en España.
Los visigodos, establecidos inicialmente en Galia en el siglo V d.C. conquistaron la mayor parte de la península Ibérica durante el reinado de Leovigildo (573-586). Aunque eran una minoría de solo 3% respecto de la población total de la península, pronto impusieron su dominio militar y político, y fijaron la capital en Toledo. Posteriormente adoptaron la lengua latina, se convirtieron al catolicismo y se unificaron jurídicamente con los hispanos-romanos-. Los visigodos dominaron la península Ibérica durante tres siglos, pero tuvieron que hacer frente a numerosas guerras civiles. A principios del siglo VIII, fueron desplazados por otros invasores: los musulmanes.
Anglos y sajones en Inglaterra.
En Inglaterra, región muy poco romanizada, los anglos y los sajones, pueblos procedentes del norte de Europa, dominaron todo el territorio hacia el año 615 y constituyeron siete reinos. La población autóctona celta quedó arrinconada y tuvo que refugiarse en Gales, Cornualles, la Bretaña francesa y Escocia. Posteriormente, los reyes anglosajones se enfrentaron a las invasiones de los daneses, cometido en el que se distinguió especialmente Alfredo el Grande (871-901), rey de Wessex, en el sur de Inglaterra. Sin embargo, la constancia y superioridad militar de los daneses les facilitó la conquista total de los siete reinos (1013).
El imperio carlolingio.
El reino de los francos fue el más importante que se formó en Europa occidental después de la caída del Imperio Romano de Occidente: ocupada la Francia actual, Bélgica, los Países Bajos y parte de Suiza y Alemania. A finales del siglo VIII, el rey franco Carlomagno (768-814) amplió de forma considerable los límites del reino con la copuación de Sajonia, Bretaña, el norte de Italia y el norte de la península Ibérica. En el año 800, Carlomagno se convirtió en emperador. Para adminsitrar un terriotorio tan extenso, dividió su imperio en condados y marcas; estas últimas eran fuertes bastiones militares en las áreas fronterizas.
Rey de reyes.
El 25 de diciembre del año 800, en Roma, el papa León III coronó a Carlomagno y lo consagró como "emperador de los romanos", con lo que renaciía el Imperio de Occidente. Esta restauración del imperio le confería al monarca carlingio un rango superior a todos los reyes cristianos, convirtiéndose en el único gran soberano de la Cristiandad. Después de la fragmentación del Imperio carolingio, la dignidad imperial pasó al Sacro Imperio Romano Germánico.
La fragmentación del imperio.
A la muerte de Carlomagno (814), su hijo Luis el Piadoso (814-840) heredó el imperio, pero tuvo dificultades para mantener la unidad y el orden interior. Al morir Luis, el imperio quedó dividido entre sus hijos Lotario, Luis y Carlos. Por el tratado de Verdún (843), Lotario, que heredó la signidad imperial, se quedó con Italia y Lotaringia (el territorio comprendido entre Francia y Alemania hasta Frisia); Luis se quedó con Germania; y Carlos, con Francia. A la muerte de Lotario (855), Luis de Germánico y Carlos el Calvo se repartieron las tierras de aquél en el tratado de Meersen, en el año 870.
El Imperio germánico y el Papa.
El Sacro Imperio Romano Germánico fue el heredo del Imperio Romano de Occidente de Carlomagno. Se constituyó en el año 962. cuando Otón I, rey del antiguo territorio carolingio oriental, fue coronado emperador en Roma por el Papa. Este imperio, que llegó a ocupar la mayor parte de Alemania, los Países Bajos, Suiza, Austria y parte de Francia e Italia, mantuvo su hegemonía en Europa entre los siglos X y XII. Sin embargo, las disputas entre el emperador y el Papa por erigirse como la máxima autoridad del mundo cristiano llevaron la querella de las investiduras.
El arte otónida.
Durante los siglos XI y XII, en el Sacro Imperio Romano Germánico se desarrolló un estilo artístico, el otónica, que recibe el nombre de la dinastía que reinó durante aquellos años. Su estética está muy vinculada al estilo carolingio y ambos se consideran precedentes del arte románico. En arquitectura cabe destacar las diversas catedrales y monasterios, todos ellos monumentales. Las piezas escultóricas más características del período están trabajadas en manuscritos miniados, unos rollos y libros decorados a mano con pequeñas y cuidadas ilustraciones, muy propios de la Edad Media.
Güelfos y gibelinos.
La pugna por el poder entre el emperador germánico y el papa de Roma enfrentó a sus respectivos partidarios. Los que apoyaban al Papa eran conocidos con el nombre de güelfos, y los partidarios del emperador como gibelinos. Los conflictos entre ellos fueron especialmente violentos en la península Itálica. La denominación de ¨güelfos¨y ¨gibelinos¨acompañó antes y después de esta confrontación a otras facciones políticas enfrentadas en la Europa de la época.
Los reinos hispánicos.
Los musulmanes ocuparon la península Ibérica a partir del 711 con gran fluide, pero su dominio muy desigual. En toda la franja septentrional de la península se limitaron a cobrar tributos a la población hispánica, de religión cristiana, y surgieron núcleos de resistencia contra el dominio musulmán. A partir de ellos se formaron los reinos cristianos de Asturia-León Navarra, Aragón y los condados catalanes. Estos reinos se expandirían hacia el sur, en u proceso de conquista territorial denominado reconqusita.
El reino de Asturias-León.
En las regiones montañosas del noroeste de la península Ibérica, los cristianos derrotaron a los musulmanes en Covadonga (Asturias) hacia el año 722. Estos cristianos constituyeron el reino de Asturias-León, el primer núcleo cristiano políticamente organizado. A finales del siglo IX el reino incluía toda la ribera septentrional del río Duero. Los reyes leoneses organizaron un territorio de la frontera, el concado de Castilla, que se independizó en la segunda mitad del siglo X y que, posteriormente, absorbió al propio reino leonés. A mediados del siglo X, las guerras civiles y los conflictos con Castilla y Navarra debilitaron mucho al reino.
Entre los francos y el islam.
En Navarra y Aragón tras un corto dominio de la monarquía franca, se establecieron dinastías propias que gradualmente ampliaron sus dominios, si bien Aragón quedó bajo la influencia de Navarra. Al sur de los Pirineos, los carolingios arrebataron el norte de Cataluña a los musulmanes y ocuparon Barcelona en el año 801. Estos territorio recibieron el nombre de Marca Hispánica. A partir de su organización nacieron los condados catalanes, aglutinados alrededor del de Barcelona y gobernados desde finales del siglo IX por condes hereditarios.
La moda germánica.
Los pueblos germánicos impusieron una sencilla estética en el vestido, alejada del lujo del Imperio Romano. Vestían prendas forradas, bastante holgadas, que se ceñían ligeramente al cuerpo con fíbulas o cinturones,. Lo habitual era llevar una camisa de lino hasta las rodillas, sobre la que se suponía una túnica con una bata abierta por delante, que se recogía con una cadenita. Los nobles calzaban botas y campesinos llevaban zuecos.